La mariposa que aprendió a volar

La mariposa que aprendió a volar

Honeybug

02/03/2026

 Había una vez una pequeña mariposa que tenía sus alas rotas, pero anhelaba poder sentir el aire fresco cerca de sus diminutas patas. Hablaba constantemente de la libertad, como si fuera algo posible y alcanzable. Sin embargo, jamás pudo sentir lo que realmente era antes. Pobre de ella, quien pasaba horas reclamándose por aquella debilidad. Quien siempre caminaba con aquellas alas zafiros caídas como ocultándose de la pena que sentía por no poder volar. Tenía tantos sueños, pero eran tan imposibles de alcanzar, tanto como las estrellas al caer la noche o el pálido azul del cielo por las mañanas. Sus pequeñas alas, tan puras que casi parecían transparentes, reflejaban las fisuras que le impedían atreverse a volar. ¡Oh, pobre de ella, pequeña mariposa, quien era tan frágil como la seda! Pasaba horas y horas divisando a las monarcas y su vuelo casi olímpico. ¿Cuándo sería el día que sus alas se expandieran al igual al de ellas? Ella solo quería que sus alas no fueran cristales esparcidos, sino hierro que no se rompe por más caídas que tengas. ¡Oh, pequeña mariposa, qué será de ti en este mundo cruel! Tú que eres inexperta en la crueldad de afuera, tú que vives en una esfera de cristal anhelando un mundo que ya no existe. Aquella pequeña mariposa comprendió que ocultándose no lograba nada. Practicaba día y noche después de comprender y un día ya no caminaba por el campo verde en verano, sino un día expandió sus alas y voló y conoció lo que es la verdadera libertad. ¡Oh, pequeña mariposa, no eras frágil, solo eras inexperta!

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