No era plato de buen gusto pero lo tenía que hacer. Se había acabado y tenía que liquidar todos los asuntos que le unían a él.

Armada de valor, subió los cuatro pisos andando, casi sin darse cuenta, pensando en lo que le iba a decir, para no darle margen a réplica. Resoplando, llamó al timbre. Artillería lista.

Le abrió la puerta y la invitó a entrar.

Se quedó sorprendida por el aspecto descuidado que lucía. No era ya la misma persona de la que se había enamorado, estaba claro. Era la hora. El universo lo anunciaba. Había que dejarlo, estaba claro. Las pocas dudas y remordimientos que tenía al subir se desvanecieron de golpe al ver el panorama. Seguir hubiera sido un suicidio y encima ahora su caos estaba en auge. Nunca lo había visto así, ni a él ni al piso. Ni un ciclón hubiera dejado todo tan patas arriba como lucía. Ya no era su lugar ni su hombre. Punto final urgente a aquella locura.

Necesitaba salvar a Milo. “¿Milo?”, oyó su voz y saltó sobre ella. Qué afán de lamer. De poco se queda sin cara. Pobre, la había encontrado a faltar. Estaba más flaco y más tristón. Debía sacarlo de allí. El ambiente le estaba devorando a él también. Milo, pobre Milo.

Costó pero al final lo consiguió, su resistencia pasiva le facilitó la labor. Silencio y cabeza gacha. Ella con voz autoritaria anunció:

“Para tí todo: los cds, los juegos, los muebles y tus regalos. Recuerdos de otra vida, de otro hombre, de otra mujer.” “Nada no quiero nada de ti ni de aquí. Solo a Milo. Lo siento. Suerte” . Cogió a Milo en brazos y se dirigió a la salida, su libertad.

Sus palabras le cayeron a plomo en el alma. Roto, vacío, perdido, sin ánimo. Su mirada perdida, cansada hablaba por él. Asentía en silencio, no más batallas, no podía. Estaba exhausto, casi inerte. Se levantó y arrastró los pies hasta la puerta. Allí se limitó a abrir para soltarlos para siempre.

Ella salió con Milo en brazos y empezó a bajar los escalones aligerada, esperanzada hacía su futuro. Una nueva vida. Oyó la puerta cerrarse, perezosa, pesada, rotunda.

“Ni Milo” musitó él, trás el muro de madera. Desesperado y superado, subió a la baranda y tardó en caer los 48 escalones que tardó ella en bajar y salir del portal, con con el perro en brazos.

Justicia poética o casualidad. Tres muertes ¿evitables? Cayó por su propio peso. A plomo.

Un tremendo charco rojo de tristeza y mala vida encharcaba la calle.

Silencio. De golpe gritos, sirenas, cintas que enmarcaban la escena. Silencio. Mangueras. Nada.

La calle seguía con lo suyo, el barrio seguía con lo suyo, en la escalera no se hablaba de otra cosa.

La prensa lo describió como otro caso de violencia domestica en el barrio. Media escalera la defendía a ella, la otra a él. Los animalistas y los vecinos veganos defensaban el perro. Todos los sabían, muchos no sabían nada. Nadie sabe nada, cuando todos saben todo. El que hizo, el que no. Ese lío de siempre. Palabras vacías en frases inútiles que siempre llegan tarde. Una palabra destaca siempre: Evitar. ¿qué, cuándo, quién? Esas frases que usa la gente para lavar su conciencia, para reconciliarse con los hechos o los no hechos, para pasar página, para poder vivir con menos carga o eso creen. Esa lacra social, esa presión que a todos aprieta y algunos ahoga, Otros son más listos y saltan del barco como las ratas.

¿Qué es la violencia? ¿de qué está hecho el biberón con el que alimentan la sociedad sino es con violencia? Violencia blanqueada, edulcorada, cruda, dura. Todo lleva ese ingrediente extra invisible pero letal en esta sociedad que nos inocula la violencia. Vive más, más deprisa, más alto, más blanco, más caro. El mejor. Avanza a codazos, a garrote. Da igual Llega. Prisa, prisa, corre, corre ¿a dónde? ¿por qué?. Ese río de vida humana, de naturaleza cruda fertilizada con violencia baja con fuerza hacia un mar inalcanzable, inexorable, imposible, invisible. ¿Inexistente? Esa violencia que guía a la humanidad como una zanahoria atada a un palo. a un burro. Nadie parece encontrarse en el lugar dónde debería, cuando debería. Extrañeza, incomodidad social que siente hasta los más sociales en algún momento.

¿Pueden los pulpos vivir en un garaje?

Siempre hay polémica la busquemos o no.

@Carme Folch, 2026

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