Voy a comprar birra y vuelvo

Voy a comprar birra y vuelvo

Zinaída Portnova

28/02/2026

Podría poner a salvo mis problemas: ceñirlos bien a mi cintura, tantear su peso y con muy pocos datos, aplicar la misma extraña física personal que casi siempre usé cuando no todo iba como yo quería. 

Tomar una birra y ver las burbujas peregrinas que brillan como las estrellas en el horizonte de cualquier noche despejada. Volatilizarme. Reírme del letargo y  de quienes no me quieran acompañar. Sentir como se aligera el peso hasta la inercia casi desbocada y andar para detenerme en la tierra de cualquier señal y compartir el camino  sin desensillar, silbando una canción de palenques rotos, saber que mis miedos tiran más que muchos caballos de cualquier carro.

Podría ahora mismo salir corriendo por esa puerta, aunque estos pisos de madera hagan ruido y te despierten.

Bastaría solo guiñarte un ojo, aún si viera desde mi  no tan lejana ceguera y que no adviertas que del otro lado hay un parche invisible. Salir al sol, para que se bronceen un poco más los otros tatuajes invisibles y el resto de mi piel… Y olvidar de a poco.

Sin buscar, siempre me encuentran provechosos vestigios.

Madera, clavos y telas de naufragios ajenos, de construcciones derrumbadas o rasgaduras de dolor o placer.

Podria entonces, construir una nueva vieja nave, abrir otra birra, beber, comer, comprar o vender y trocar todo por un día más…

Pero ya ves, estoy… ¿Cómo es que se dice?  ¿Enamorada?

Bueno, como sea, no puedo usar con propiedad las palabras más simples. No miento tan fácilmente. Pero no me creas más de todo esto, porque es todo verdad.

Y cuando vuelvas, no me mires tan dulcemente, porque me pierdo en tus ojos y abro otro camino aleatorio como el mío; es el camino de tu corazón, que creo abrir a la vez que no me dejas decirte algo tan sencillo como; «voy a comprar birra y vuelvo»

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