UN LUGAR EN EL MUNDO…

A la garra, garra, manzanitaaaa y pochoclooooooo…Siempre me ubico en la misma esquina de la plaza. Es un lugar estratégico, en diagonal al acceso de la iglesia, cerca de las paradas de colectivos y en el camino directo al jardín de infantes. El movimiento de personas es intenso, yo voy de jueves a domingo y aprovecho los primeros días de la semana para comprar la mercadería, llenar el carrito de garrapiñada, pochoclo y manzanas con caramelo. Se vende poco…cada vez menos.

La gente parece siempre estar apurada, miran y no ven…observar su aparato celular todo el día como si estuvieran conviviendo en otra dimensión, enchufados a otra realidad, como verdaderos zombies que deambulan por la gran ciudad cumpliendo la rutina diaria de ser uno más en el rebaño. Los jóvenes trotan con sus auriculares puestos alejados de la realidad. Las madres pasean con sus hijos de la mano y no los sueltan por temor a que se ensucien, trepen un árbol, se los roben, se golpeen, etc, etc, etc…los niños son una extensión de su cuerpo y se proyectan como una ampliación de su propia imagen, aferrados, maniatados y aislados de otros niños…los ancianos derrumbados en los bancos de la plaza, inertes, inactivos, solo respiran y observan el pasar de los días, meses y años, como si la vida fuera una eterna espera de la muerte que acecha sentada a su lado.

A la garra, garra, manzanitaaaa y pochoclooooooo…La plaza es muy bella, si bien no tiene el encanto de hace cincuenta años, tiene una bella arboleda que atrae todo tipo de pájaros, sus hermosos juegos infantiles que se encuentran distribuidos en varios lugares al igual que las máquinas de ejercicios de fuerza, todo está limpio, cuidado con amor….pero la gente pasa, no se detiene…no goza de este bello lugar y yo vendo menos. Tendría que vender correas para perros, fundas para celulares y almohadones para los bancos de plaza….quizás vendería más.

Recuerdo, con cierta nostalgia, cuando en la plaza los niños corrían, trepaban árboles, jugaban y se divertían…cuando las familias hacían picnic debajo de los árboles y los jóvenes guitarreaban dedicando verdaderas serenatas a sus pretendientes, los padres despreocupados acompañaban a sus hijos y dialogaban con otras familias…mucho amor, diversión y goce se respiraba…y yo vendía mucho más.

A la garra, garra, manzanitaaaa y pochoclooooooo….Hoy hace calor, debería vender gaseosas azucaradas o aguas, helado o algo para bajar la temperatura corporal…la gente ni me escucha, no le interesa lo que ofrezco…algunos pensarán que es sólo garrapiñada, manzanitas acarameladas y pochoclo pero es mucho más que eso. Es mi visión de una plaza de antaño, es mi concepción de un mundo pretérito perdido, es mi forma y estilo de vida, es mi recuerdo de un pasado mejor…me pongo melancólico, lo sé,…quizás sea la edad…y parecerá algo ingenuo, pero para mí este sencillo carrito pochoclero encierra todo eso.

Cuantos casamientos, bautismos y comuniones presencié, a cuantos niños asistí por sus caídas mientras jugaban, a cuantos enamorados endulce, a cuantos ancianos consolé…muchos…muchos gratos recuerdos, demasiados momentos inolvidables que me hacen añorar esa plaza. Los árboles extrañan a los niños, el césped a los picnic y yo a los compradores…no me hagan caso…soy un viejo llorón y gruñón…ya vendrán tiempos mejores. Toda historia tiene un componente cíclico y todo en algún momento vuelve a su lugar…mi historia, mi lugar es aquí y ahora. Allí todo cobra sentido. La plaza soy yo.

A la garra, garra, manzanitaaaa y pochoclooooooo….

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