Soneto del adiós

JOSE EDIAZ

Ausente ya tu voz en la mañana,
tu sombra cruza fría la estancia,
se ha vuelto mar distante tu fragancia
y ajena duerme al alba la ventana.

Tu corazón cambió de rumbo y gana
mi pecho un hueco gris de intolerancia;
se fue la risa, queda la distancia
y hiere cada sílaba temprana.

No hay ya caricia, solo viento helado
que arrasa lo que fue jardín florido,
ni sol que temple el cuarto abandonado.

Y así quedó mi amor, triste y vencido,
por un adiós tan breve y desolado
que vive aún, clavado en el olvido.

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