JOSE E DIAZ
Huracán sin retorno
Ella ya no estaba,
aunque su cuerpo aún cruzara la casa.
Era un fantasma de carne fría,
un nombre que dolía pronunciar.
La cama traicionó mi aroma,
se volvió territorio ajeno,
campo de batalla
donde perdí sin luchar.
Su corazón desertó,
y el mío quedó abierto,
sangrando silencios
que nadie quiso suturar.
No hubo risas,
solo cuchillas disfrazadas de palabras.
No hubo caricias,
solo tormentas que arrasaron
los jardines del recuerdo.
El sol huyó de la habitación,
la escarcha tomó mi pecho
y lo convirtió en piedra.
Y al final,
ese adiós tan leve
pesó más que el mundo.
No gritó.
No lloró.
Solo me dejó
con el eco
de todo lo que ya no sería.
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