Los últimos cinco meses del 2023 no parecían extraordinarios ante los ojos del mundo.
Pero lo fueron.
Seguían siendo amigos.
Solo amigos.
Hablaban todos los días. A cualquier hora. De cualquier cosa. Desde lo trivial hasta lo profundo. Desde memes y tareas pendientes hasta recuerdos que aún dolían.
Bruma todavía estaba aprendiendo a respirar sin que le doliera el pecho. La ruptura anterior no había sido solo un final; había sido una herida abierta. Y en ese proceso silencioso de reconstrucción, Luz Errante se convirtió en un refugio.
No intentaba salvarla.
No prometía eternidades.
Solo estaba.
Y esa presencia constante fue suficiente para que, sin que ella lo notara al principio, comenzara a crecer algo más.
Del lado de ella, el sentimiento avanzaba con pasos suaves pero firmes. No era un arrebato. No era una ilusión repentina. Era algo que se construía en cada conversación larga, en cada confidencia compartida, en cada vez que él era la primera persona a la que quería contarle algo.
Del lado de él, en cambio, solo había amistad.
Una amistad limpia. Sincera. Profunda.
Y eso hacía todo más delicado.
Se volvieron el refugio del otro.
Conocieron los puntos débiles que más los lastimaban.
Supieron qué palabras evitar y cuáles usar cuando el mundo parecía demasiado pesado.
Aprendieron qué los hacía reír y qué los hacía cerrarse en silencio.
Se conocieron sin máscaras.
Hubo momentos en que nuevas amistades aparecieron. Personas nuevas, dinámicas distintas. Por un instante pareció que el tiempo compartido disminuiría. Que tal vez la cercanía se diluiría.
Pero no fue así.
La distancia nunca rompió lo que habían construido.
La amistad no se debilitó.
Si acaso, se volvió más consciente.
Y mientras todo eso ocurría, Bruma comenzó a notar algo que intentaba ignorar: cuando él hablaba de otras personas, una punzada leve aparecía. Cuando pasaban días más ocupados, lo extrañaba de una manera que no encajaba del todo con la palabra “amistad”.
El año fue terminando con la serenidad de quien cree que todo seguirá igual.
Pero no seguiría igual.
Porque mientras el calendario avanzaba hacia 2024, algo dentro de ella ya había cambiado para siempre.
Y el amor, cuando nace en silencio, no pregunta si es conveniente.
Simplemente crece.
Y así terminó el 2023.
Con una amistad intacta.
Con un corazón que empezaba a inclinarse.
Y con un futuro que aún no sabía que estaba a punto de ponerse patas arriba.
OPINIONES Y COMENTARIOS