
1 de diciembre, inicié un nuevo camino, en un nuevo lugar, con gente nueva que no me recibió muy bien, o al menos no como yo esperaba, he trabajado en muchos lugares, que a propósito, es otra muy buena historia, y en todos hubo amabilidad, y al menos algo de cariño y consideración para mostrarme el lugar o hacerme preguntas para intentar conocerme e incluirme en sus grupos, pero en este lugar, nadie me recibió con preguntas, apenas me saludaron y casi no me hablaron durante algunos días, el primer día que llegué lo conocí, y obviamente me lo presentaron porque iba a trabajar con él, porque era mi jefe, no lo vi, no le presté atención, estaba concentrada intentando entender qué hacía ahí, intentando buscar las palabras adecuadas para agradar, para saber cómo empezar, era un día soleado, en el que hubiese querido estar en cualquier otro lugar menos en ese, así que no le presté atención, no observé su cabello, ni su cara, no puse atención a su voz, y él, con el ajetreo que llevaba encima y con su bandeja de e-mail sobrecargada de documentos urgentes por firmar, tampoco me prestó atención, solo me saludó y me llevó al lugar que se convertiría en un anexo a mi hogar donde no me gusta estar, así lo conocí, saludándolo sin verlo, sin analizarlo, sin que moviera una sola de mis neuronas con su presencia.
Pasaron varios días y la adaptación mejoraba, me adapté a saber como responder al trabajo que tenía, pero no me pude acostrumbrar a la falta de empatía y cariño de mis compañeros, aún ahora, después de mucho tiempo, no logro entender su actitud hacia la gente que comparte con ellos la mitad de su vida.
Un día, mientras trabajaba en mi computadora, entró con la misma prisa de siempre, corrió desde la entrada a su oficina, yo levanté los ojos para mirarlo, él ni siquiera me saludó, pero es la primera vez que me fijé en su estatura, el perfil de su cara, su seriedad y la manera en la que camina mientras piensa en las mil cosas urgentes que le esperan, ese día lo observé a 1 metro por hora, y el caminó a la velocidad de la luz.
Después de unas semanas, cuando ya lo conocía al menos un poco, fui a su oficina para hacer alguna pregunta sobre mi trabajo, y desde ese día sentí algo extraño, un sentimiento que no es el mismo nerviosismo por hablar con una autoridad, si no, una extraña sensación de querer agradar, de no meter la pata, de actuar como si fuese la última actuación de mi vida, de caminar, hablar, agarrarme el cabello como si de eso dependiera mi reconocimiento para un premio nobel. Entré y hablé tan mal que recuerdo que salí y quería regresar a remediar mi torpeza, pero obviamente no lo hice, decidí pasar por alto el asunto, igual era solamente mi jefe, y después del trabajo no lo vería, esa conversación no iba a definirme, lo dejé pasar.
Una mañana en la que debía planificar presupuesto para salir por mi trabajo a una región de mi país muy alejada, a la más vulnerable y selvática que existe, le pregunte si sería yo la única que iba a viajar, y me respondió que él también iría y la planificación debía ser para los dos, se me erizó la piel, algo que para mí en ese momento no tenía sentido, me repetí mil veces que él iría con cualquiera de mis compañeros, me lo repetí muchas veces, juro que me lo repetí., pero al parecer mis sentidos no lo entendieron, y mi piel tampoco, porque recordaba lo que me dijo y pasaba lo mismo, se me erizaba la piel y mi cara mostraba la misma risa tonta que hace cuando mi ser se alegra desde el hígado hasta la última neurona de mi cerebro.
Un país extranjero ofreció una beca para viajar y hacer una capacitación muy importante durante una semana, cosa que a mí me interesa mucho más que el mundial de futbol, los juegos olímpicos o el super bowl, de manera que decidí postular a la beca inmediatamente leí el mensaje, esa noche preparé todos los documentos y requisitos que se solicitaba indispensables, entre ellos una carta de recomendación de mi jefe, que la redacté en unos minutos, y pensé toda la noche en cómo se lo diría al siguiente día. Decírselo fue fácil, entré a su oficina y cuando me preparaba para explicarle sobre la beca, me dijo que estaba muy enterado de todo, que él lo gestionó para que yo postulara y que me firmaba la carta de respaldo sin problema, me dejó sin palabras, eso no me lo esperé, le sonreí, le agradecí y salí como una niña tonta, me arrepentí por eso unos minutos después.
Después de la décima vez que entré a su oficina, comencé a notar sus gestos, sus pestañas largas y rizadas que llaman la atención cuando te observa a los ojos, su cabello erizado y despeinado, que se alborota más cuando está cansado o estresado, sus dedos largos tecleando, el color canela de su piel, su larga y abultada barva y más que cualquier cosa física, empecé a notar su atractiva inteligencia, su prolijidad para redactar, su minuciosidad para revisar algo, su manera de corregir, su forma de captar una idea, y el conocimiento y dominio que tiene sobre el área en la que estamos trabajando.
Sé desde cuando comencé a notar su esencia, pero no sé desde cuando mi cuerpo comenzó a desearlo, no sé desde cuando mi cerebro piensa reiteradamente en si él sentirá atracción hacia mí, no sé desde cuándo mi corazón se agita y empieza a acelerar mi circulación con solo verlo.
Me gusta, es incuestionable, me agrada cada cosa nueva que sé o aprendo de él, me gusta y me atrae como nunca me ha atraído una persona en toda mi vida, hubo un día en el que le hablé para que revise algo sobre un proyecto que estaba haciendo, estaba muy ocupado y me dijo que lo revisaríamos después, como pasaron unas horas, le escribí para recordárselo, y me respondió en un solo mensaje y una sola palabra “véngase”. Ya sé, y entiendo que no tiene sentido esto, pero solo leer esa palabra me llevó a un estado de exaltación o excitación que me hizo respirar tres veces antes de entrar a su oficina. Me gustaba demasiado.
Otra mañana, recuerdo que un amigo al que sé que le gusto, y trabaja en una oficina cerca de la mía, fue a visitarme porque era el día de San Valentín y quería regalarme unos chocolates, estaba hablando con mi amigo fuera de la oficina, y no me fijé en que él salió, lo vi cuando estaba de regreso a la oficina, pero pensé que no se fijó en mí, cuando volví, él estaba de pie hablando con alguien en la puerta de su oficina, me miró y me hizo un gesto con la cabeza que no logré descifrar, yo pensaba en que estaba imaginando cosas, pero también pensaba en que quizá me vio y tuvo celos, me miraba como si quisiera saber en qué estaba pensando, eso me tuvo inquieta mucho tiempo.
Un día antes al que debíamos viajar, sentía una emoción difícil de explicar, no era por la experiencia que iba a vivir en mi trabajo de campo en ese lugar remoto lleno de naturaleza, con nueva gente a la que conocer, nuevos lugares que descubrir, nueva comida que probar, o por lo mucho que aportaría con eso a mi país, más que cualquiera de esas cosas, lo que me movía de pies a cabeza y hacía que me tiemblen las manos, era que él iría conmigo. Ese día, me llamó, cuando sonó mi teléfono y vi su nombre, no me faltó nada para saltar sobre la mesa del susto o emoción, finalmente contesté, lo que quería decirme era que él viajaría en su auto, y si yo quería podía llevarme, la respuesta que pude dar gracias al universo o no sé a quién, porque casi no podía hablar, fue agradecerle y decirle que sí, que me ayudaría mucho con eso. Tuve nervios desde el minuto en que corté la llamada, hasta el día en el que subí a su auto y emprendimos el viaje, lo saludé con la mayor normalidad que mi cuerpo me permitió, y mientras viajábamos empecé a hablar sobre mi vida, la mayot parte de mi monólogo fue sobre mi vida profesional que en ese momento me pareció lo más prudente. Cambió un poco el tema de nuestra charla porque ya habían pasado tres horas de viaje y ya necesitábamos cambiar de trama, además se notaba que él y yo teníamos curiosidad por saber más sobre los dos y no sobre el trabajo que habíamos hecho. Fue así que conocí más sobre su vida, sobre sus hobbies, sus gustos, los lugares que frecuenta y su familia, su esposa y sus dos hijos, que cabe mencionar, eso ya lo sabía por la foto que tiene en su red social. Después de 6 horas llegamos, no fue un viaje placentero, debo admitir, porque apenas nos conocíamos y porque mis nervios me estaban traicionando en cada frase que decía. Buscamos un hotel, en habitaciones separadas por supuesto, me dijo que descansáramos, que fue un viaje largo y que si necesito algo solo debía escribirle, o si necesito salir, me acompañaría sin problema. No le escribí, fue él quien me escribió una hora después, me dijo que quiere comer algo y si yo quiero podemos ir a buscar un lugar en esa ciudad chiquita que yo conocía muy bien. Lo llevé al mejor lugar que había conocido cuando viví ahí, le recomendé pedir un plato que yo amaba y que era para compartir, no se negó, dijo que acepta todas mis recomendaciones y que agradece que haya ido con él, o habría salido a comer algo de comida rápida y no habría disfrutado esa deliciosa comida, mientras comíamos y bebíamos unos cocteles deliciosos típicos de ese lugar, empezó a preguntarme con más interés sobre mis gustos, le hable sobre mi amor por los libros y mi fascinación por escribir aunque no lo hago muy bien, me insistió muchas veces en que quería leer algo, le prometí que le compartiría uno de mis cuentos, pero no en ese momento, si no cuando pudiera leerlos sin mí, estuvo de acuerdo y hablamos de otra cosa, después de esa comida que confieso fue muy larga porque era muy tarde cuando nos dimos cuenta, salimos a caminar un poco, pasábamos momentos largos en silencio, solamente mirando la pequeñita ciudad con árboles y naturaleza por donde alcanzáramos a ver, sentir el calor y la brisa de la noche mientras caminábamos juntos fue increíble, hacíamos un comentario sobre algo y volvíamos a disfrutar de la caminata en ese ciudad, caminar en silencio con él no fue incómodo, fue placentero, fue maravilloso, llegamos al hotel, nos despedimos y fuimos a dormir, me quedé dormida pensando en él, convenciéndome que algo de mi le atraía, dormí pensando en sus ojos, y como me miran. Aún nos quedaba un poco de tiempo para descansar, el lugar donde debíamos ir a trabajar, estaba a una hora de la ciudad en donde estábamos, y viajaríamos al siguiente día por la tarde.
Me desperté, no sabía si escribirle para desayunar juntos, o si solo debía seguir con mi rutina y si nos encontrábamos en el desayuno seria espontaneo, al final decidí la segunda opción, fui a bañarme y vestirme sin escribirle, cuando estaba a punto de salir, me escribió que bajaría a desayunar y si quería podía ir con él para no desayunar solos, escribió al final que si me pasaba de la hora del desayuno del hotel, me acompañaría a comer algo fuera si yo quería, le respondí que estaba lista y quería desayudar con él, esa mañana desayunamos juntos, hablamos mucho más sobre nosotros, sobre la gente del trabajo, sobre su niñez y me habló sobre sus creencias, sobre lo poco que le gustan las fiestas, las celebraciones, la navidad y sobre su creencia en Dios, yo ya me lo imaginaba, y es tal cual me lo imaginaba. Salimos a caminar, compró algunas cosas que necesitaba para estar preparado para la selva, y volvimos al hotel para descansar un poco antes de viajar de nuevo al lugar donde debíamos trabajar. Eran como las once de la mañana y sin pensarlo le escribí que me parecía que nos despertamos muy temprano, porque habíamos desayunado, habíamos caminado y hasta hicimos compras, y apenas eran las once de la mañana, le dije que iba a salir a un parque que me gusta mucho y volvería e una hora más o menos, y agregué que si quería podía ir conmigo, me contestó a los dos segundos que claro que va, que quiere conocer ese parque, que si me gusta, seguro será lindo. Nos sentamos a escuchar los pajaritos que habitan ahí en el parque, estos pequeños animalitos con alas tienen un trino bastante peculiar, como una sonaja, como un silbato fino que se entrecorta, al mismo tiempo mirábamos el enorme río que está a unos metros de donde queda ese hermoso parque, recuerdo la linda sonrisa que se le dibujó apenas escuchó a los pájaros, quedó maravillado y me comentó que nunca había escuchado algo igual, los grabó con su teléfono y cerró los ojos para escucharlos de nuevo tratando de memorizar su sonido, yo lo miraba con una sonrisa tonta en la cara y pensaba en que hacía un esfuerzo innecesario porque yo había intentado lo mismo, y después de una semanas no lograba recordar ese maravilloso sonidito. Pasaron dos horas, que me parecieron dos minutos, volvimos al hotel para preparar todo, y antes de entrar a su habitación me agradeció llevarlo a un lugar tan bonito, con una sonrisa le dije que era un placer. Mas tarde salimos y viajamos nuevamente en su auto a ese lugar inmerso en la selva que nos esperaba.
Eran las cinco de la tarde y era domingo, llegamos al pueblito con una lluvia torrentosa, mucho barro en nuestros pies y un calor sofocante que hacía que quisiéramos correr al hotel a tomar una ducha. Entramos al hotel, pedimos dos habitaciones y nos despedimos porque los dos queríamos entrar a descansar. Tomé una ducha que me refrescó y relajó para continuar con mi tormentoso viaje, un viaje en el que mi cuerpo sentía cada experiencia a flor de piel, porque lo estaba viviendo con alguien que no solamente me ponía nerviosa, era alguien que me atraía hacia él, hacia su piel, hacia sus ojos, y su boca. Después de vestirme, decidí salir sola a un balcón del hotel para ver ese hermoso paisaje que me rodeaba, veía las gotas de lluvia golpear el suelo, miraba los árboles inmensos y el verde que se extendía como mar, escuchaba el sonido de los grillos, las aves y el agua que caía sobre el barro, sobre los techos y sobre las hojas, el calor se intensificaba por la humedad, y la frescura de la ducha que había tomado hacía unos minutos se esfumó, mientras pensaba en cómo alguien se acostumbraría a ese calor sofocante y veía caer la lluvia, me sorprendió al decir, “¿es un increíble atardecer verdad?”, lo miré y le sonreí sin responderle, se apoyó al balcón y fijó su mirada en un árbol que debe tener cien años por que sobresale de todos los demás por su altura, nos quedamos ahí por un rato, después, sin mirarme, me dijo que podría quedarse ahí toda a noche, pero debía regresar a su habitación por cosas de trabajo que debía resolver, nos despedimos, después de un rato, volví a mi habitación, no dejaba de pensar en él, es su voz. Esa noche dormí tan maravillosamente que cuando sonó mi alarma pensé que habían pasado solo segundos.
La mañana siguiente muy temprano, tocó mi puerta, y agradezco haber estado lista o no habría sabido qué hacer, abrí la puerta y salimos en seguida para no llegar tarde, aún llovía, y el día pasó entre trabajo, calor y comida nueva y rica, él estaba muy concentrado en lo que tenía que hacer, y yo intentaba lo mismo, terminamos nuestro día de trabajo sin casi mirarnos, volvimos caminando juntos al hotel, dijo que tomaría una ducha y me preguntó si quería acompañarlo a comer algo después, claro que acepté, quedamos en vernos en una hora. Cuando estaba lista, no salí de mi habitación, esperando a que me escribiera o golpeara mi puerta, y en una hora exacta escribió que me esperaba abajo, dejé que pasaran unos minutos y bajé, después de mucho buscar, terminamos comiendo en el mismo hotel porque no encontramos otro lugar, le hablé de mi experiencia viviendo en otros países y lo mucho que me había gustado, le interesó tanto ese tema, que me preguntó sobre todo, sobre como hacía para conocer a nuevas personas, tener amigos o no estar sola en un país donde no tengo a nadie, también me preguntó si en esos países salí con alguien, sobre lo que aprendí, lo que más me gustó y sobre lo que viví en ese corto tiempo en cada uno de esos lugares, yo hablé de eso encantada porque son mis historias favoritas, le conté todo con mis ojos brillando de emoción y al parecer eso le entretuvo mucho porque no paraba de hacerme preguntas. Se hizo muy tarde otra vez, fuimos a sentarnos en una salita cerca de donde estábamos, yo moría por una cerveza, así que con la mayor timidez del mundo que no sé a qué se debió, fui a comprar una, se alegró porque moría por una también, por alguna razón que no recuerdo, nuestras manos se rozaron, el se sonrojó y empezó a hablar con nerviosismo, o esa fue mi impresión, terminamos la cerveza y nuevamente nos despedimos porque era hora de dormir. Como todas esas noches y muchas otras, dormí pensando en él.
La mañana siguiente pasó exactamente lo mismo que la anterior, el trabajo pasó como un día normal en la oficina, concentrados en lo que teníamos que hacer y viéndonos por pequeños momentos en los que casi no hablábamos, esa tarde caminamos nuevamente al hotel, comimos juntos y tomamos una cerveza como si fuera una tradición que teníamos de años. Esa noche dormí después de tomar una ducha porque mi cuerpo no dejaba de desearlo y debía calmarlo.
Pasaron cinco días con la misma rutina, yo había aprendido a controlar lo que sentía y mis nervios, así que comenzaba a hablar y actuar con más confianza y naturalidad con él, sentía que me miraba más y sonreía más con mis chistes, también sentía que mientras trabajábamos me observaba más seguido y tenía la impresión que me miraba disimuladamente para saber si estaba de acuerdo con algo.
Estábamos en el día final de nuestro viaje, al siguiente día debíamos volver. Ese día trabajamos solamente un par de horas y teníamos el resto de día libre, era medio día cuando volvimos al hotel, me invitó una cerveza para celebrar que todo salió bien, buscamos un lugar bonito donde comer para finalizar nuestra jornada, estábamos en una mesa cerca de una ventana pequeña, donde se veía caer la lluvia y nada más que plantas y árboles afuera, estaba pensando en el poco tiempo que quedaba en ese lugar, en el calorcito que se siente en la piel por la humedad constante, pensaba en que me gustaría quedarme un poco más para disfrutar de la lluvia cálidad mojando mi cuerpo, cuando inesperadamente, y quiero enfatizar lo inesperado que fue, me miró a los ojos y me dijo que debía decirme algo, que por favor solo lo escuchara y no dijera nada, que no estoy obligada a responder, yo solo lo escuchaba tratando de discimular el asombro que me causaba, empezó confesando que amó mis ojos desde el primer día que entré a la oficina, que amó mis gestos desde la primera vez que hablé con él, y que nunca nadie lo puso tan nervioso como yo cuando entraba a su oficina, me dijo con un tono autoritario que me sobresaltó, que le gusto, que me quiere, y que tiene una necesidad irracional por tocarme, me habló del día en que me vio hablar con mi amigo fuera de la oficina y lo absurdamente celoso que eso lo hizo sentir, también me habló sobre lo bien que se había sentido por viajar conmigo y que antes de escribirme temblaba de miedo por algún rechazo de mi parte, me dijo que me respeta y se siente un tonto y un atrevido al confesarme todo eso, pero su naturaleza está volviéndolo loco y que su ser desde lo más profundo, lo obligó a decirme todo eso, me enfatizó con toda la honestidad que pudo, que no me está pidiendo nada, que aunque mueran la mitad de su corazón y esté a punto de tener un paro, no me pedía nada porque no podía hacerlo, tenía una esposa a la que ama, y unos hijos a los que jamás fallaría, me pidió que lo perdone por haber confesado todo eso, y está dispuesto a renunciar a su trabajo, si de alguna manera me incomoda. Tomó un trago de cerveza y se fue, me quedé paralizada, cuando volví a la realidad volví al hotel pensando en sí todo era mi imaginación o en realidad pasó. Esa noche salí al balcón del hotel para dejar de pensar en lo que me había dicho, y tratar de enfocarme en la maravillosa naturaleza que me rodeaba, aún no podía asimilar lo que había escuchado esa tarde, parecía una más de las historias que imagino antes de dormir, uno mas de los cuentos que escribo cuando mi imaginación está trabajando a tope, el solo recordar las palabras que había escuchado esa tarde, me hacía temblar las manos y tener nauseas, estaba nerviosa, asustada y con la adrenalina saturando mi cuerpo, los enormes árboles que me rodeaban se hicieron sombras y no podía escuchar la lluvia, mis ojos solo miraban la nada y mi mente seguía en esa mesa, donde había escuchado lo que anhelaba y al mismo tiempo nunca imaginé escuchar, me encontraba en ese balcón, con mi mente en otro lado, preguntándome si todo era producto de mi voladora imaginación, cuando de nuevo me sorprendió, volviéndome a la realidad, me confirmó que todo era real al aparecer detrás de mí y decirme lo mucho que sentía haber lanzado todas esas palabras y haber revelados sus sentimientos para luego huir como un niño, se escusó diciendo que no supo que más hacer, que sus nervios lo traicionaron, salió corriendo y no podía dejar de arrepentirse de eso, me giré para mirarlo, mis ojos estaban llenos de lágrimas, mi cara explotaba sonrojada por la mezcla de sentimientos que me bombardeaban, me temblaban las manos y las palabras apenas podían salir de mi boca, le dije que lamento mucho haber provocado todo eso, y fui sincera, lamentaba haber provocado ese desbordamiento de sentimientos que lo único que hacían es desestabilizarnos a los dos, le confesé lo mucho que me atraía, lo mucho que me gustaba y lo nerviosa que he estado cada día en ese viaje, estaba detallando lo que mi piel sentía al estar cerca de él y sin darme cuenta lo tenía frente a mi a unos centímetros de mí cuerpo, él miraba hacia abajo porque es más alto, y yo miraba su pecho, tratando con todas mis fuerzas de no levantar mi cara, cerré los ojos y solo empecé a llorar, cuando me miró así, tomo mi barbilla con su mano temblorosa y alzó mi cara, abrí los ojos y lo miré, de sus ojos también salían lágrimas, no quitaba su mano de mi cara y sus temblores me estremecían, me miraba a los ojos cómo nunca nadie lo había hecho, sentía que indagaba dentro de mí, sentía que trataba de descifrar mis pensamientos, esas pestañas hermosas estaban llenas de lágrimas, las miraba mientras veía sus pupilas temblar, pude notar que el color de sus ojos cambiaban por las lágrimas, pude ver las venitas pequeñas que rodeaban sus pupilas enrojecidas, sus mejillas se mojaron y sus lágrimas caían en mis brazos y en sus manos, lloraba sin apartar la vista de mis ojos, sentía su corazón como si pegara mi pecho, lo sentía tan cerca y tan fuerte que aceleraba al mío, lo miraba como si tratara de sacar de mi cerebro lo que estaba pensando y poder verlo a través de mis ojos, subí mi mano abierta y temblorosa y la puse en su pecho, el bajó su rostro y yo estiré mi cuello hacia él, nuestros labios estaban a milímetros de rozarse, los sentía temblar, los sentía fríos, los sentía desear los míos, no sé cuando tiempo pasó, pero cuando volví del transe en el que nos habíamos metido juntos, bajé la mano de su pecho, le dije que lo quería, y porque lo quiero, no puede haber ni un solo beso entre nosotros, no puede haber nada, el tiempo y el lugar en el que nos encontramos no fue para nosotros, y no será mientras podamos herir a alguien, quité su mano de mi rostro, dejé de mirarlo, me aparté y fui a mi habitación sola, no volteé a verlo, me acosté como pude, y esa noche me quedé dormida llorando.
El primer día en que volvimos a la rutina del trabajo, ninguno dijo una sola palabra sobre lo que pasó, dos semanas después renunció.
OPINIONES Y COMENTARIOS