– Cadmo (el Rey)
Qué te trae, Agis, por aquí.
Tan luego tú, que, de tan leve,
acostumbras a yacer
con una nube.
Vamos, pasa,
entra, di
lo que tengas que decir
pero sé breve.
Y no olvides con quién hablas:
juicio.
– Agis (juglar de la corte)
No te turbe, Cadmo, que atraviese
tu paz con tres puñales,
ni te ofenda.
Mas, Rey mío, últimamente
el aire mata,
el agua causa estragos y
el ave, a contraviento,
no acierta el vuelo.
Señor, no nos queda mucho tiempo.
El día aún es azul pero la vida,
aquí, se nos escapa.
Mientras tanto tú en tus sueños
de poder y de acero.
¿No te tira la coyunda con tu pueblo?
– Cadmo
Me asombra de verdad, Agis,
tu atrevimiento,
lo que afirmas conocer.
¿Eso es todo?, ¿qué más saben
tú y tus versos?
Dilo, antes que ordene
separar la cabeza de tu cuerpo.
– Agis
Solo eso, Señor, y lo que nadie sabe,
que a ti también te place,
de vez en vez,
– bendita perdición, dulce señuelo –
compartir lecho con una nube.
OPINIONES Y COMENTARIOS