Versos modernos en un mundo viejo

Versos modernos en un mundo viejo

Versos modernos en un mundo viejo

I

Se supone que,
antes de mi nacimiento,
yo estaba muerto.

Un muerto sin ceremonia,
sin velas,
sin ese adiós diminuto
que tranquiliza a los vivos.

La despedida quedó en suspenso,
reservada
para una guadaña futura,
paciente,
como quien afila un filo,
sino el instante.

Y aquí estoy:
bebo el café de la mañana
como quien confirma su existencia,
me duermo al mediodía
para ensayar la nada,
y el celular insiste
en que, al otro lado del mundo,
una voz me busca
como si recordara
lo que fui
antes de ser yo.

La modernidad, con todo su brillo,
no anula la muerte:
solo la disfraza
de rutina,
la esconde detrás
de un minuto cualquiera
donde el tiempo se descuida
y deja ver su vacío.

No sé si podré librarme.
Tal vez no se trata de huir,
sino de aprender
a existir
entre dos silencios
que me piensan.

II

El oscilador de mi pecho
con su tic-tac enérgico,
¿anuncia que soy una máquina
o apenas el simulacro
de una respiración?

Tal vez soy un robot
antiguo,
oxidado de días,
hospedando el avatar
de sucesos
que la memoria olvidó
antes de olvidarme.

Podría ser.
¿Quién lo sabría, en verdad?

Un guardián de tiempos pretéritos,
vigilando ruinas
que aún no han ocurrido.

Un suceso atemporal,
una onda colapsada
en el centro del instante,
un final sin final
reiniciándose
en cada latido.

Un suspiro.

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