Ya no conocía

Ya no conocía

Ema UB

22/02/2026

¿Qué has pensado? Ciertamente, es una situación poco usual; sin embargo esas eventualidades son las que dan destellos a la vida y se convertirán en recuerdos inolvidables, pero el costo no es agradable de asumir. Después de todo, el tiempo que conlleva entender, aceptar y resignarse parece ser casi eterno. Yo lo comparo con esas ocasiones en las que uno clava la mirada en el reloj esperando que el minuto decisivo cumpla hora, pero parece ser que los segundos que antes corrían, al momento de recibir nuestra atención dejan de caminar para arrastrarse. Seguramente tuviste esa sensación en algún momento, puede ser una percepción del tiempo o quizá que al ser más conscientes de la existencia del tiempo este demuestre una parte de su extensa forma. Ese es el costo del tiempo, la espera.

También pasará, no sé cuando, pero pasará y me gustaría decir que no quiero volver a sentir, que no quiero volver a vivir ese tormento, este dolor y la sensación de haber sido engañada por las palabras y por mis propias esperanzas. 

Eilu, dejó de hablar, guardó silencio por un segundo, caminó hasta el estante de libros, tomó uno y leyó: «Estamos caminando sobre un colchón de musgo fresco, la sensación con la piel es húmeda y reconfortante, el aire es frío, denso, pesado. El aire parece ser un ser de carne y hueso que se deja tocar en cada respiro. El aroma a madera vieja, a resina recién brotada de los árboles, el canto de algún pájaro y esa sensación de abrazo que solo un bosque como este puede brindar, me hizo recordar. Cuando recordé el sueño ya no fue sueño y la compañía de la gente, de aquellos que decían me querían dejó de ser compañía, ellos dejaron de ser parte de mí y ya no hubo vuelta atrás, cuando recuerdas nunca hay vuelta atrás.»

Dejó de leer, se asomó hasta la ventana, acomodó las cortinas y un leve sonido, casi imperceptible al oído humano, como una infrafrecuencia se percibió. Seguí con la mirada hasta encontrar el punto y vi algunas gotas de sangre en el piso. Pensé que quizá Eilú volvió a herirse con las hojas de los libros, porque extrañamente solo ella se puede lastimar con ellas. Una gota más cayó al piso, después otras y después algunas más. Miré a Eilú y noté que se sostenía el rostro con las manos, de pronto dio vuelta y pude observar que la sangre provenía de su nariz, había un hemorragia nasal, pero ella me miró como quién sonríe. Se sonrió levemente, retiró la mano de su nariz y la sangre salió a voluntad y dijo: «esto también pasará».

El gato y yo entramos en un estado de asombro y de impotencia, porque el color de la sangre siempre escandaliza a cualquiera. Pero para Eilú esto era solo un momento más de su vida, un evento más, si hay sangre que tiene que derramarse, que se derrame, si el piso se mancha debe mancharse, si el mundo corre que corra. 

Eilú en ese momento ya no era Eilú, era solo algo que yo ya no conocía. 

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