Vivimos en un mundo en el que se ha normalizado tener un trabajo que nos hace infelices y que nos hace no querer despertar más cuando abrimos los ojos cada día a las 7 de la mañana.
Vivimos en un mundo en el que tenemos que «tragar» porque sino no tenemos una «casa», bueno una habitación que duramente nos cuesta pagar.
Vivimos contando y ahorrando.
Pero oye tienes suerte, no te andes quejando.
Últimamente me he dado cuenta de todo lo que hacemos y todo lo que aguantamos para vivir donde vivimos, conservar lo poco que tenemos y mantener un trabajo que dista mucho de lo que habíamos imaginado.
Soportamos malas palabras, soportamos gritos, aguantamos un día y otro y otro pensando que un día cambiará, que trabajando duro, como lo estás haciendo algún día esas circunstancias no serán más que un pasado que quieres olvidar.
Me he dado cuenta de todo el peso que soporto.
Aguantas, respiras y sigues, pero con menos paciencia… esa línea que no se debía de cruzar está siendo ligeramente pisada y al final no nos queda más que EXPLOTAR.
Explotamos con amigos, con el trabajo, con compañeros, con familia, con todo aquello que tratabas con pinzas y que te hacía callar por miedo a perder eso que te permite subsistir, ni siquiera vivir.
Entre tanto estrés, ansiedad y aguantar todavía hay quien te dice que te calmes, que te tranquilices porque «no es para tanto», casualmente personas de generaciones mayores que se creen con la potestad de aconsejar y que se comparan todo el rato porque ellos «lo han pasado peor» aquí jugamos al yo si y tu no, así que agradece que por lo menos trabajas en lo que estás trabajando.
Escribo esto porque, como siempre, me gusta expresar por aquí lo que siento y saber si hay alguien más que esté en este barco, pero sobre todo porque creo que estoy llegando a ese punto de no retorno a ese punto en el que no me van a pedir que me calme, me van a pedir mi DNI y mi certificado de antecedentes penales.
Estoy harta, estoy cansada de aguantar, creo que callamos mucho y se manifiesta en problemas médicos, físicos e internos, se manifiesta en bajas autoestimas, en autoexigencias y problemas de salud mental que luego, a nosotros solos, nos toca gestionar.
Ese trabajo mal pagado, esa hipoteca, ese alquiler que sube y que te estas replanteando, esas peleas constantes no solo con las personas de fuera sino con tu ser, tu mente y tus ganas de vivir.
Bueno… Así es la vida, te dicen, NO, esto no es vida.
Quiero ser feliz ¿me dejarán? ¿lo podré alcanzar?
Un día empezaré de cero, empezaré sin nada, una nueva vida, una nueva etapa entre personas que no me conocerán lo suficiente, pero poniendo esos límites que no he sabido poner hasta ahora.
Es curioso el alivio que se siente cuando ya nada te importa, me mudo a otra ciudad a otro lugar y ¿sabes que es lo mejor? saber que se acaba una etapa aquí y que aquí se queda esa persona que aguantó y tragó.
Estoy harta, estoy cansada, de tanto ruido en mi interior, pero estoy más cansada de que me pidan tanta calma de cara al exterior.
Vengo a expresar lo que siento, porque creo que esto no es solo mi percepción de la realidad, creo que esto lo puede compartir más gente… ¿compartes este pensamiento?
Lo único que nos queda es escribir porque eso de gritar a los cuatro vientos por lo que sea esta mal visto, te tachan de loca y de algunas otras cosas.
Vengo a hablar, a expresarme y a quejarme, vengo a hablar un poquito por todos los que callamos y gritamos por dentro y en silencio.
Estaría bien eso de parar y mirar alrededor, mirar esa realidad que no te gusta, que quieres cambiar y cambiarla de verdad.
AMB.
OPINIONES Y COMENTARIOS