Todo me es difícil, mi mundo es lento como un paquidermo,

con buena memoria.

Las cosas que quiero tocar se me abren en el lado opuesto,

más despacio, poco fervientes, menos exactas.

La gente que me observa indeciso, murmura:

“¡Miren!, ¿¡no es ese el señor que cuando escribe oscuridad se llena de pavor!?”

«Miren, miren, sí, es el hombre que va muriendo ilusionado,

juntando palabras viejas, que todos conocen,

y haciendo esas poesías que nadie entiende».

Mi corazón aún no esconde ningún secreto que se avergüence de mí… Pero,

¿cuántos latidos cándidos le quedan?,

¿y limpios?, ¿y puros?,

¿y verdaderamente arrepentidos?

Llámenme que saltaré antes que se pare,

si no no tiene maldita gracia.

Pero antes,

antes escribiré mi decisión en esa pared azulada.

Es una ocurrencia absolutamente.

Sí, es solo una ocurrencia.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS