
No me hable así,
no de esa manera,
porque enciende usted la chispa
en mis letras que se desbordan
como si otra mano las escribiera
Basta su tono
para devolverme a aquella época
de vestidos amplios, de corsets ajustados
y de miradas que no debiera
No me llame mi Señora
No lo haga
Porque se estampan en mí
imágenes antiguas
de alguien pronunciando ese nombre
con una mirada coqueta,
acercándose lenta y peligrosamente discreta,
con sus pasos impregnados de una sensualidad
que no pedía permiso
Era un llamado, claro y sutil,
que nos arrastraba a compartir la penumbra,
las sábanas, y las horas robadas
en las frías noches de entonces
Cuando las calles se quedaban mudas
y los gemidos de deseo
se escapaban sin remedio,
entre roces y suspiros enlazados
como una melodía
sin rincón de por medio
En ese instante preciso
su mirada y la mía
se tocaban hondo,
sin palabras
El sudor resbalando por mi espalda,
mientras me bebía entero
su manantial secreto,
irremediablemente placentero
OPINIONES Y COMENTARIOS