Sentado en la frontera, entre la arena y el asfalto, no se mira el mar, si no el oleaje humano, allí un puñado de rostros marcados por el sol y la vigilia, recreando el universo entero de una espera.
No es un cosmo de galaxias lejanas, si no uno de manos entrelazadas y gargantas que desafían al silencio, es la huelga, ese parpadeo en la historia donde el tiempo se detiene para decir si el futuro puede ser destino.
El vaivén de la ilusión se convierte en este rincón del mundo, con un destino ya ganado, el cual empuja a las personas a que jueguen a la alquimia de lo imposible.
El vaivén de lo hipnótico, una marea de ilusiones y alegrías compartidas que se eleva en cada rebeldía, como si fuera el entusiasmo el único combustible capaz de mantener encendida la hoguera de la dignidad en ese brillo de los ojos compartidos.
La esperanza, no es una idea, es un acto de sabiduría para negociar, pero el universo tiene su eutopía, es como la luz que choca contra un muro, contra el frio granizado de irracionalidad, no es solo falta de acuerdos, es la mente humana encontrándose con su propio laberinto.
La desesperanza que se filtra por las grietas del cansancio cuando la noche es larga, la incivilidad, es ese desdén que no quiero ver al otro como un igual, si no como una cifra de balance, el agotamiento, es el peso del cuerpo que recuerda que aunque el espíritu sea infinito, la carne tiene sed el sueño reclama su deuda.
La geometría del desafío sentado en la quietud de la playa, uno no espera encontrar el nacimiento de un cómo, sin embargo frente a mis ojos el universo no se expande en estrellas, si no en el pulso contenido de un puñado de personas, hay una extraña quietud en el campamento, una tensión que vibra como el aire sobre la arena caliente, es el sonido de una maquinaria que ha decidido dejar de engranar.
Al final desde la silla de la playa, lo que se observa es el nacimiento de algo nuevo, entre épica de lo no deseado y un desgaste indeterminado, estos hombres y mujeres, no solo piden una mejora, están reclamando el derecho a escribir su propio guion.
El universo frágil, sostenido por la voluntad de quienes decidieron que el destino se expresa en lo ganado, si no que se pelea en cada segundo de la pausa obligada.
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