Ya nadie vive aquí,
solo vemos ruinas,
pero un día hubo vida
y se fue poco a poco,
despacio, sin hacer ruido.
– – – – –
Esta casa, como otras muchas,
nos parece que está vacía,
pero esta casa está llena, llena de ausencias,
un esqueleto de tiempos pasados,
que llora, que siente frío.
– – – – –
Son paredes desconchadas
que guardan muchas historias,
entre losas y chimeneas caídas,
ventanas y cristales partidos,
bisagras ahogadas por el óxido.
– – – – –
Miro, miro,…suspiro,
el tiempo se quedó dormido,
las hiedras buscan su espacio,
poco a poco, dando abrazos
a esta vieja casa que cae a pedazos.
– – – – –
Son abrazos silenciosos
que estrujan estos pedazos
mientras ella va muriendo despacio,
dejando caer lo que pesa,
soltándolo con tristeza.
– – – – –
No tiene gente, ni muebles,
ni cocina, ni cacharros.
pero la nostalgia sigue viva
recordando a Federico
que vivía aquí con su borrico.
– – – – –
Verla me hace pensar
que no somos dueños de nada,
solo inquilinos de temporada,
que esta casa algún día sería un sueño
y hoy el olvido es su dueño.
– – – – –
Sí, fue Federico
quien cerró el último capítulo,
que hoy, cuando paso y miro
lo leo en las piedras, las maderas,
porque entre polvo lo dejó escrito.
OPINIONES Y COMENTARIOS