Huele a eso que queda en paredes húmedas tras meses de descuido. Se siente pesada la atmosfera con el paso del viento que se vió atrapado y mientras huía de una ventana a otra, no hizo sino dar paseo a las esporas que jugaban entre los pasillos como si ya fueran dueñas de la propia casa. Esto no pasó sin caer en las cuentas reticentes del unico inquilino; quien fuere que ahí vivía, trató de usar el intermedio entre la tos para levantarse a ver si hoy por fín daría un paso al menos, y sin embargo no pasó.
Esta persona llevaba tirada entre tendidos hechos uno con piel y polvo que le mantenían reclusa como si se tratase esos que cuentan gusanos y aguijones de avispa orillas del Aqueronte, y con la misma moda perdida de gracia, no se le olvida repetirse que su condena no llegó por otra mano más que la suya. Además, no importa mucho cuantas metáforas y símiles se usen para alivianar la sentencia, fue ella que al hacer caso omiso a la cmomdidad y la fueza de hábito, habría de quedar donde está.
Así es que és, ya no hay recuerdo de en que punto, pesó su decidia más de lo que la culpa y el arrepentimiento podrían cargar jamás, y ahora, como de costumbre, se retira de cara a la almohada amarilla y purulenta mientras que las goteras le arrullen hasta el desmayo
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