Hoy me quedo con las respuestas en silencio,
bendiciendo esa luz que un día se cruzó en medio del camino,
sin prometer eternidades
ni pedir explicaciones tardías.
Aprendí que no todo lo que alumbra se queda,
que hay luces que solo pasan
para enseñarnos por dónde no volver a caminar a oscuras.
Me abrazo a lo que fue
sin discutirle al tiempo,
sin reclamarle a la memoria
lo que decidió guardar.
Y suena Sabina…
en una playlist que hoy sabe a gin,
a vaso tibio,
a madrugada sin testigos,
o tal vez,
simplemente, a nada.
Porque también el vacío
tiene su música,
y hay días
en los que el silencio
responde mejor que cualquier canción.
Al final, como diría Sabina,
no hay despedidas limpias,
solo verdades que se dicen bajito
y se beben sin hielo.
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