A sangre fría, han talado el árbol,
con todas sus orugas vivas sorbiendo de él.
Parecen cachorros blandos
que se abrazan a sus hojas
que tienen ya el color olvidado.
El final llegará también a todos,
no escaparemos ni nosotros,
ni los nidos escondidos en complicadas ramas,
ni tan siquiera la sombra de pájaros remotos.
Finalmente el árbol caerá, con la ilusión de volver a empezar,
si puede,
desde semilla otra vez.
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