«Los suspiros de mi isla»
En mi isla, Isla de islas,
El verano quema como eterna hoguera;
pero se calma y refresca
acariciado por la brisa que viene de sus mares
y por las cadencias notas de un son.
Y cuando la brisa marina
acaricia las palmeras,
la luna, impúdica hechicera,
se baña de plata y amor.
Y ante ella mi isla llora.
Suspira y a su regazo vienen
delfines del recuerdo
del que ya no está porque se fue.
Suspira mi isla. Suspira.
Y en cada suspiro anhela;
y con cada anhelo languidece
Y renace también a puro pulmón.
Suspira por los tantos que se han ido
y por los que se han quedado también.
Por los nombres de los idos
que el viento atesora y guarda;
nombres que quedan grabados
en lo más curvo de las almas:
ecos suspendidos sobre la espuma del mar;
susurros agazapados en aquellas calles
que todavía guardan con celo sus pisadas.
Porque en mi isla el adiós y las ausencias
dejan su huella en una y mil vidas.
Porque en mi isla el adiós marca el recuerdo
de lo que fue una vez cálido abrazo;
y en cada atardecer alguien se inclina
buscando el rastro tenue de una voz perdida,
los pasos breves que pir el hogar dejó;
los latidos que no quieren silenciarse;
el tintineo de una risa que se resiste a desaparecer
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