Con los años, las despedidas se hicieron más implícitas y hago menos ruido al tomar la decisión de irme de un lugar, pero sobretodo, de los vínculos.
Antes, hacía mucho ruido. Intentaba conversar las cosas, me culpabilizaba de situaciones que, internamente sabía que no eran mi culpa, pero creía de esa forma que el otro decidiría quedarse un rato más. Suplicaba tiempo, espacio, cariño y comprensión. Pedía más de una vez lo que creía merecer. Aceptaba menos porque pensaba que era un bajo costo a cambio de evitar la soledad, cuando en realidad la soledad era el mejor regalo ante esas migajas.
Más de una vez me fui a dormir sintiéndome triste e insuficiente, pensando en qué más podría hacer.
Los años pasaron, el dolor se fue sedimentando hasta transformarse en piedra. Hoy duele irse pero ya no hago tanto ruido.
No voy a mentirles, lo sigo intentando todo antes de elegir irme. Pero, hoy tengo el cuerpo cansado de correr por quienes ni caminarían por mi. De esperar de otros lo que no les nace darme.
Me gusta complacer a los otros pero desde un lugar más amable conmigo. Sigo fielmente esa frase que dice que tenes que dejar ganar a los que jueguen a perderte. O esa otra que plantea que les regales tu ausencia a quienes no valoran tu presencia.
Este año me propuse irme de todos y todo, menos de mi.
Me costó muchísimos años y suficiente dolor el volver a ser feliz estando sola, en el silencio. No es fácil estar con uno mismo. A veces, tu mente habla demasiado alto, los miedos tocan insistentemente tu puerta esperando a que los dejes entrar. La soledad se convierte en tu aliada y te perturba el pensar que lo que crees temporal, puede hacerse eterno pero… ¿Al final no es la soledad lo único certero que tenemos?
Voy a admitirles algo queridos lectores. Mi forma de querer T A L V E Z es un poco intensa para esta era que es por demás tibia, pero me nace. No puedo evitarlo. El problema de medirlo siempre estuvo, no en dar menos, sino en dar lo mismo que te dan. De ahí se determina la cantidad. El error siempre estuvo en la desproporción.
Confieso además otro de mis pecados. Esperar que los demás le den importancia a las mismas cosas que me importan a mi. Ya el hecho de «creer» que los demás harían lo mismo que vos harías en x situación, es lo más tonto y esclavizante que puede existir.
De lo único que tendrás el título de propiedad en este juego de la vida, es de vos mismo y tus acciones. Los otros, SIEMPRE van a ser otros.
Retomando entonces el tema de este texto, hoy elijo irme en silencio.
Les prometo, a quienes corresponda, que ya no voy a hacer ruido antes de irme. No se preocupen, les daré más de una señal antes de elegir ese camino, pero les doy la certeza que al final, voy a irme igual.
Me iré aunque me duela, aún si creo que quizá en el fondo podría existir otra oportunidad. Voy a irme aunque me muera por quedarme, porque sé que aceptar menos ya sería elegir morir. No voy a hacer mucho ruido para que no se alarmen. Empezaré a tomar mi camino de manera pausada para que no sea tan duro el impacto, aunque para esa altura si tomé esa drástica decisión es porque evidentemente ni se dieron cuenta que todavía estaba ahí. Puede que llore pero nunca lo sabrán.
Trataré de cerrar todas las puertas y perder la llave.
Aunque me termine quedando a solas conmigo, siempre sabré que lo mejor fue elegir no perderme a mi.
Antes de terminar, quería decirles que ojalá también elijan irse. Dejen de repetirle a los oídos sordos todo lo que creen merecer. No mendiguen más tiempo ni ser prioridad. No se conformen con menos creyendo que allá afuera nadie podría darles más. No acepten las migajas cuando ustedes dan el pedazo entero de pan. En sus abecedarios, no traten como «a» a quien los trata como «z».
Esto aplica para amores, amigos, familia o a cualquiera que tenga el placer de tenerte en su vida y no elija cuidarte.
¡Gracias por el espacio!
OPINIONES Y COMENTARIOS