Recóndito pueblo montañés, que poco queda de lo que antaño fuiste.

Sonrisas de niños, abrazos de madres… esfuerzo y sudor de campesinos.

Alegría y vida sencilla en un entorno de paz.

Musgo y maleza invaden ahora tus calles. Es el grito de una soledad que duele.

Casas devastadas por el inexorable paso del tiempo.

Muros y techumbres que, al caer, sepultan sin piedad, cualquier vestigio del ayer.

El pequeño pueblo abandonado ha comenzado a dormir su sueño eterno.

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