Carta para Dios
Hoy es un jueves normal. El tráfico, como de costumbre, es un completo caos: todos empujan, todos pelean. Bogotá gris. No llovió hoy, pero tampoco hizo sol. Clima frío, pero hermoso.
Todo estaba bien: correos, WhatsApp y cientos de pendientes en el escritorio… Normal, un oficinista más de esta enorme ciudad.
No lo pude evitar. Pensé de nuevo en él, en todo lo que pasó, en lo que quiero que pase y en mi ineptitud emocional para poder preguntar y hablar: qué pasa y por qué.
Lloro frente al espejo del baño. No lo miro, pero me reconforté poniendo mis manos sobre el lavamanos, como para que sostenga mi ansiedad.
Y me surgen preguntas que te quiero hacer.
1.
¿Crees que lo hago bien?
Y no me refiero solo a él, me refiero a todo: a mis decisiones impulsivas. Jajaja, bueno, esas no están bien; son culpa de lo que el susodicho despierta en mí, lamento eso…
Pero me gusta. Hablaba de trabajo, servicio y vida.
2.
¿Por qué amar es tan complicado?
Yo no lo escogí. Solo un día lo vi y supe que lo amaría, y largo rato. No pensé que tanto, la verdad, pero sí es mucho el tiempo: admirando en silencio su sonrisa. Amo sus ojos apagados y tristes, su presencia fuerte y su corazón acongojado, como niño perdido en la ciudad, que no sabe para dónde va pero no quiere parar de caminar.
Le amo aunque esté con otras, aunque me las nombre una a una y sonría como si fuese bueno…
¿Por qué me tocó amarlo a él? De tantos que hiciste, ¿por qué al que menos me ve?
3.
¿Por qué guardas silencio?
Solo me miras. Sé que estás aquí, sé que trabajas, caminas, vas y vienes conmigo. No soy ajena a tu presencia: te hablo de día, de noche, en la calle, en la iglesia. La última, llorando a mares frente a la ventana, preguntando por qué no me contestas.
No te pido más… Tu silencio me está llevando a sombras muy lejanas de ti, lugares oscuros que solo habitan los que no te tienen y poetizan toda su vida.
4.
Si sabes que no va a pasar, ¿por qué no respondes cuando te llamo a gritos para que lo saques de mis pensamientos, deseos y corazón?
Eres cruel, en verdad. Yo no quiero saber de él en mí. No quiero orar un día más por él. No quiero… pero lo hago. No quiero… pero lo busco. No quiero… pero me hago mínima para que me vea solo un poco.
Contra ti incluso he peleado por algo inexistente…
¿Es algún tipo de retaliación de tu parte? ¿Algo que me tiene que doler para llegar a otro nivel? ¿Y cuál nivel?
Si te diste cuenta, quedé en 0.0. No hay nivel cuando estás en el escalón uno, cuando a fuerzas te levantas buscando un sueño que no existe y solo aparece tu pupilo, el dueño de mi corazón…
Estúpido que no me ve, que me teme y que además me hiere… No sabes.
Ahora mírame.
Por favor, no me ignores más, que la fragilidad de mi alma me puede llevar a la muerte. Me juego el todo y la nada, y va ganando la nada.
¿Viste? ¿Oíste?
No, es tu forma favorita de torturarme. Anda, solo falta que me digas que para ti también fui un accidente. Ups, no te tocaba, pero ya qué… ¿Sí? ¿Algo así te pasó?
Por favor, te pido, en este escrito grosero, alterado y adolorido, por amor a lo más grande: háblame.
Sácalo de mi alma.
Él no se dará cuenta. Ya no lo pensaré más, no lo querré más… Al fin y al cabo no sabe lo que siento.
Si algún día lo supiera, moriría; porque no solo quedaría descubierta, sino que caería en lo más profundo de mi tristeza al confirmar lo que ya sé: que él no sabe que existo.
Soy una más en su listado. Una más.
Qué horror… No sé qué bueno tiene eso: ser una más.
Cómo lo odio por eso. Nada especial, solo una y ya.
Una que olvidas, una que no vale, un chiste para el futuro, una anécdota macabra.
Una más.
Help me, please. By DA

OPINIONES Y COMENTARIOS