Si las farolas tardan un poco más en encenderse, la ciudad estará a oscuras. Y cómo sabré yo dónde está el paso de cebra, el mendigo que pide en la acera o el excremento del perro con un dueño maleducado. Y claro, no puedo cruzar la calzada en condiciones de seguridad, ni puedo ignorar a sabiendas el cartel de cartón del indigente, por no hablar de llevarme en la suela el fruto de la desconsideración más absoluta.

No es por nada, pero tampoco sabré si ha llegado mi amante al punto acordado. Esos labios que gasto de mirar, no los voy a poder besar, ni atinar con mi boca en su boca por mucho que se los pinte de rojo. Sería un ridículo absoluto. El otro día me pidió fuego y yo venga a darle y darle a la rueda del mechero sin gas. Así que por más que quisiera iluminar la calle con la llama y besarla, solo sacaría unas pocas chispas. Los hombres de ahora abandonan antes de que los abandonen. Mejor que la deje entonces, antes de que piense que la abandono porque tengo miedo de que me abandone ella antes.

Encima la predicción del tiempo anunciando lluvias y aquí, cuando se pone a llover, se pone en serio. Esto no es bueno para los cultivos, porque la tierra no tiene tiempo de secarse y las raíces se pudren. Ya no sabe uno cuándo sembrar patatas. Que se lo digan a los irlandeses. Durante la hambruna de 1845 se quedaron sin patatas. Ya ves, siglos y siglos dependiendo de tubérculos llenos de carbohidratos para que te dejen tirado por una plaga de microorganismos.

Los tiempos de la bohemia se acabaron el día que empezó a importarme el futuro y yo lo busco ¿eh? Lo busco de veras, pero el futuro se esquiva a sí mismo antes siquiera de ser un futuro como Dios manda. Se podría decir que es un eyaculador precoz de finales que te dejan insatisfecho. Luego dicen que disfrutes del presente, pero a ver quién es el guapo que disfruta si las farolas te dejan tirado y todo se queda a oscuras.

No veo nada, por no ver, no me ha visto ni el cateto que iba conduciendo mirando el teléfono ¿Si un Opel Insignia te atropella a 35 km/h cuáles son las consecuencias? Eso le he preguntado cuando salía del coche, así me voy haciendo a la idea antes de que llegue la ambulancia. Adelanto al lector que no morí aquel día, aunque poco faltó. La sala de espera estaba llena de gente que se había presentado incluso antes de estar enfermos y claro, casi me muero esperando.

Lo más sorprendente de todo es que mis padres estaban ya en el hospital donde me ingresaron. Llevaban una bata blanca y me pusieron escayola en la pierna sana y en la que estaba lesionada. Me cosieron las heridas y el cordón umbilical. Habría jurado que ya no tenía ese apéndice.

Y ahora que hablamos de apéndices, es mejor que añada algo a esta historia, aunque los apéndices consistan en información que no es indispensable: Mi amante se llama Amanda y me dejó ella antes a mí por no acudir a la cita. El microorganismo que diezmó las patatas irlandesas era el Tizón tardío, la luz tardó cinco horas en volver y el futuro nos ha dejado sin orgasmo con esta historia que se ha quedado a medias.

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