No hay, ni nunca hubo
aquí, la sensación de estar llegando
o partiendo.
.
Lo que hay, y lo que entra, aquí,
se eterniza en la quietud, la contemplación,
la espera. Aquí la vida hiberna.
.
El cielo, indiferente al movimiento de sus seres y la tierra,
un cenagal que estaquea el cuerpo y lo retiene,
no tienen dios ni ley. Aquí, espacio y tiempo son cautivos.
.
Aquí, el pensamiento se enlentece,
un atardecer puede durar un día; las gotas de rocío no terminan
de caer – una vez llovió cien años –
Imaginen la serpiente acechando a un pollito
por mil años; devorarlo, otros diez mil;
imagínense observando el fugaz vuelo de un mosquito,
cuadro a cuadro.
.
Ustedes, los que gustan de ficciones: teman,
lo que cae como mosca a este lugar no vuelve al mundo.
Aquí las cosas se retraen. Difuminan.
Lo que hay, aquí, son las formas
distintas de la nada. Aquí la nada es real y lo real
es nada más que nada.
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