Ojos negros,
bajo negras pestañas.
Arena, viento y sol.
El brillo de la fe,
bajo el azul tubit.
La mirada al infinito,
el desierto a sus pies.
Incertidumbre,
ardiente en su alma de niño.
El firmamento estrellado,
girando sobre su cabeza infantil.
Sus sandalias desgatadas,
abrazando la esperanza,
con el sueño en los bolsillos.
Dejó atrás sus raíces,
a la sombra de un horizonte incierto.
Entrelazó la fuerza de su aliento,
con la arena y el viento,
cruzando desconocidos mares.
Y se lanzó al abismo de la libertad,
despojado de todo equipaje
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