Te oí llorar entre las estrellas, un llanto desgarrador,
un grito desesperante de amor.
En mis pesadillas sentía tu agonía, perdido en la bruma esperando mi abrazo maternal.
Y mi corazón, angustiado de dolor, me arrojó sin miedo, cruzando sombras y peligros,
a buscar tu alma extraviada.
Te encontré desnudo y frágil,
durante nueve lunas te arropé dentro de mí dándote alimento y calor en mi vientre,
calmando mi impaciencia por verte.
Y llegó el día de nuestro encuentro, cuando tu corazón y el mío se reconocieron;
y entonces supimos,
sin promesas ni razón,
que tu alma y la mía estarían para siempre,
unidas las dos.
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