Mis pensamientos se han destruido lentamente.
No tengo sueños y tampoco quiero pelear por vivir.
Mi alma sentenciada a la muerte se encuentra dividida,
la consume una gigantesca grieta, una horrible tortura.
Esa grotesca abertura que es bastante profunda e imparable.
Como la jaula de un animal atrapado, que te deja sin poder huir.
Devora todos mis alientos, metas y deseos;
y por más que grito, rasguño, pataleo y pido ayuda,
parece ser que nadie me puede escuchar.
Todo porque la grieta de mi duda se hace gigante a la cercanía.
Temible desde lejos.
Terrible desde mi soledad no razonada.
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