Me escribió!, al fin, después de tantos meses sin escribirme, sin saber de ella, sin hablarle… Fue difícil pero logré continuar firme sin doblegarme ante mis sentimientos. Sin dudarlo abrí la carta que estuvo en el piso durante todo el día imagino, ya que yo siempre llego en la noche a mi casa. Casi casi tenía la cara deformada de tan grande sonrisa que manejaba mientras me peleaba por abrir ese papel sin malograr nada, pero cuando empecé a leer la carta todo cambió. Decía que se disculpaba por no haber escrito antes, que esos meses estuvieron muy difíciles dónde ella vivía y que prácticamente está viva de milagro. ¿Viva de milagro?, acaso habría estado pasando penurias y yo egoístamente nunca la visité por orgullo, ego, ya que fue ella quien terminó todo en busca de una vida mejor?. Fueron los peores diez segundos de mi vida, pero antes de terminar de culparme por esta simple frase ocurrió lo peor. Me confiesa que se fue por amor, que había conocido a alguien y que le propuso convivir un tiempo a ver si «funcionaba» y ella sin pensarlo lo aceptó. En ese momento entendí que esta carta era realmente una invitación a su boda esperando que yo, su mejor y gran amiga, estuviera en este momento con ella.
Estos 8 meses de tristeza, preocupación y amor se convirtieron en algo peor: odio. Sentí un profundo odio por ella y por mi, por haberme hecho una idea absurda de algo que, muy en el fondo sabía que nunca pasaría. Ella siempre estuvo conmigo, me ayudaba, me escuchaba, me invitaba a todos lados, era amable e inclusive se había enfrentado a varias personas por mi. Sin embargo, solo era mi amiga. ¿Me quería?, supongo que sí, nadie hace tanto por otra persona si no la quiere, pero entiendo que hay diferentes formas de amar, y la de ella era completamente diferente a la mía.
Seguro que fueron momentos difíciles, ¿Irte mintiéndole a todo el mundo debe doler no? Esto lo digo a modo de burla, porque me parece absurdo que sea «tan difícil» si estás «tan enamorada» y si tu chico te dice que tiene todo listo para ti. Bueno, según su carta al finalizar el segundo mes se fue a festejar su noviazgo y la cena le cayó muy mal y hasta tuvieron que hospitalizarla. Parece que nadie sabía (yo tampoco) que era alérgica al maní y el postre le vino atroz.
¡La odio!, punto. Que sea feliz y me deje en paz. La odio porque yo estuve ahí siempre, pero ella nunca quiso que la acompañe en esos momentos. Siempre decía: no estoy tan mal, ya mañana me recupero, no te preocupes, etc. Y no volvía a saber nada de ella hasta una semana o dos, porque tampoco contestaba el teléfono.
Pensándolo bien, cuando ella se enfermaba yo nunca la veía, solo lo sabía porque después de días sin atenderme ella regresaba diciendo: lo siento, estaba enferma de algo pero ya estoy mejor. Habían momentos en los que su teléfono estaba muerto y yo también porque nunca supe dónde vivía y tampoco conocía a sus padres. No podía consultar con nadie, me desesperaba no saber nada de ella, me angustiaba tanto que hasta pedía días libres para poder sufrir tranquila en mi cama. Y luego una llamada natural, con una voz tan dulce y cálida diciendo: Hola querida amiga, cómo estás?. Los primeros segundos enojadísima, pero el simple hecho de escucharla, todo lo que había estado sufriendo se desvanecía por completo. Con el tiempo comencé a decir: así es ella, un alma libre, una niña alegre y sin ataduras, muy social y coqueta, muy inteligente y sobre todo confiable, podías decirle algo y ella lo guardaría hasta la tumba. Nunca dije nada malo de ella. Hasta que se fue y todo fue tomando formas diferentes.
Bien por ella, que se case y tenga muchos hijos. Yo no quiero hablarle, no quiero escucharla más, no quiero verla de esa forma: FELIZ.
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