Desde mi seso, sobre la corteza,
podrido está Apolo. Al alba, la peste
de la ignorancia vuela de este a oeste.
¡Lo confieso! ¡Fui yo! ¡Fue mi torpeza!
Le ofrecí vino, letras y alimento,
y a cambio, con su lira, me cantaba.
Cada lírica, atento yo anotaba.
Ahora, el trabajo no da momento
Mas me pesa la pluma que las palas;
No apilo letras, si no más bien tabiques.
¡Apolo muere por seguir mi afán!
¡Ay de mi! El sudor diluyó mis alas.
Para el jornal y el arte no hay alambriques.
¡Apolo muere si no compro el pan!
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