En el umbral doloroso y sensible de mi alma ingenua,

guardo un espacio vacío , para cuando tú volteas

apuro el paso a diario hasta llegar  a tu puerta 

camuflado entre los arbustos discreto y agachado 

para que no entres en sospechas o me veas

en cuanto aquella cascada color ámbar aparece

y te cimbras al andar, como un coligüe nuevo

palpitares extraños se disparan en mi pecho

desde donde estoy  te observo, callado y quieto

vas dejando una estela dorada y olor a vainilla, 

cada dia te veo salir ,  y escondido aquí me quedo 

viendo las hebillas grandes y doradas en tu pelo, 

una luz cálida cada mañana,  un sonido tenue de besos

una caricia frágil,  montada en tus manos al viento

de cada movimiento, hago en mi cabeza un cuadro

de cada pestañear, respiración o un roce, un verso,

que en canto luego arranco a mi guitarra, sonriendo,

melodías inspiradas solo en aquellos momentos,

de no dejarme ver, de  dolor por todo el cuerpo 

y la mirada perdida en este callejón , sin tiempo

de alabastro tu rostro , de suave espuma cubierto,

con dos uvas verdes maduras , colgando del entretecho

y una cereza paloma brillando, alargada en los extremos 

la cascada ambar cubriendo tu espalda y tus huesos 

como si flotaras, caminas sutil en  delicados movimientos

y todos los arboles hacen reverencia a tu encuentro,

voluntariamente sometidos , como lacayos dispuestos

yo te veo desde lejos, incomprensible, hermosa  y etérea

como en noches de niebla de las cuales, salir no pudiera 

sabiendo que eres prohibida , inalcanzable, casi perfecta

y en el umbral de la locura imposible , mi alma te espera 

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