La historia del nacimiento de la filosofía.

JOSE E DIAZ

Hace muchos siglos, en la antigua Grecia, las personas intentaban explicar el mundo que las rodeaba. Durante mucho tiempo lo hicieron a través de mitos, relatos protagonizados por dioses que decidían la lluvia, los terremotos o el destino de los seres humanos. Todo dependía de su voluntad.

Pero en el siglo VI antes de Cristo ocurrió algo nuevo: algunos pensadores comenzaron a preguntarse si la realidad podía explicarse sin recurrir a los dioses, usando solo la razón. Así nació la filosofía, el paso del mito al logos.

Estos primeros filósofos se fijaron en la physis, la naturaleza. Querían saber qué es lo permanente detrás de lo que cambia, la esencia
de todas las cosas. Pensaban que, aunque el mundo pareciera diverso, debía existir un principio común, llamado arché, del que todo procedía.

Algunos creyeron que ese principio era único. Tales de Mileto pensó que todo venía del agua; Anaximandro habló del ápeiron, algo indeterminado e infinito; y Anaxímenes dijo que era el aire, que al condensarse o enrarecerse formaba todas las cosas. Más radical fue Parménides, quien afirmó que solo existe el Ser, que es único e inmutable, y que el cambio que percibimos es solo una ilusión de los sentidos.

Otros pensadores aceptaron más de un principio. Los pitagóricos creyeron que la esencia del mundo eran los números, basados en la oposición entre lo par y lo impar. Heráclito, en cambio, sostuvo que todo está en constante cambio, y que la realidad se mantiene gracias a la lucha de contrarios, guiada por una ley racional llamada logos. Empédocles explicó el mundo mediante cuatro elementos —tierra, agua, aire y fuego— unidos y separados por el Amor y el Odio. Anaxágoras
añadió que un Nous o entendimiento había puesto orden en la materia, y Demócrito
afirmó que todo está compuesto por átomos que se mueven en el vacío.

Con el paso del tiempo, los filósofos dejaron de mirar solo al cosmos y empezaron a fijarse en el ser humano. Así aparecieron los sofistas, maestros de la palabra que defendían que no existe una verdad absoluta, sino que toda verdad depende de quien la piensa. Para ellos, las leyes, la moral y la política eran simples convenciones, y el lenguaje no podía expresar una realidad objetiva.

Frente a ellos surgió Sócrates, que recorrió Atenas dialogando con sus ciudadanos. Sócrates creía que, si no existiera una verdad universal, la comunicación sería imposible. Por eso afirmaba que conceptos como el Bien o la Virtud existen realmente. Comenzaba sus diálogos reconociendo su ignorancia —“solo sé que no sé nada”— y, mediante preguntas, ayudaba a los demás a descubrir la verdad por sí mismos, en un método llamado mayéutica.

Sócrates se centró especialmente en la moral. Defendió que nadie hace el mal a sabiendas, sino por ignorancia, y que quien conoce el bien actúa bien y alcanza la felicidad. Así, la filosofía dejó de ser solo una explicación del universo y se convirtió también en una reflexión profunda sobre cómo debe vivir el ser humano.

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