La ausencia estaba ahí, como si tuviera peso. En ese hueco apareció algo parecido a una voz, aunque no era la voz sino el modo, el tono. No gritaba: insistía. Tenía algo de piedad y algo de mando, una mezcla incómoda. Traía tristeza, pero sin lágrimas; pedía, aunque no pedía nada. Entre un verde que tal vez inventé y esta costumbre de no estar, sonaba una música única, o eso creí. Se permitía el grito, pero con cuidado, como quien sabe que no es el momento. Al final, la frase fue simple y definitiva: ahora no.La ausencia estaba ahí, como si tuviera peso. En ese hueco apareció algo parecido a una voz, aunque no era la voz sino el modo, el tono. No gritaba: insistía. Tenía algo de piedad y algo de mando, una mezcla incómoda. Traía tristeza, pero sin lágrimas; pedía, aunque no pedía nada. Entre un verde que tal vez inventé y esta costumbre de no estar, sonaba una música única, o eso creí. Se permitía el grito, pero con cuidado, como quien sabe que no es el momento. Al final, la frase fue simple y definitiva: ahora no.
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