A la mujer que se fue.
Adiós querida yo, te despido depositando una rosa sobre tu ataúd, esas rosas blancas que jamás recibiste te las deposito yo. Yo, la yo que quedó después de tu muerte emocional, la yo que aprendió que nunca se debe confiar en exceso en el amor. La yo que lloró noche enteras tratando de entender por qué hay gente que no sabe decir adiós. Adiós querida yo, prefiero verte muerta a verte viva y sufriendo por la ilusión, porque tu fuiste mujer de honestidad, lealtad, pasión, compromiso y amor, pero eso no fue suficiente, te mataron y no pude defenderte. No pude defenderte porque yo estaba lejos, muy lejos pensando en cómo amortiguar la caída si esto ocurría, quería que no ocurriera, pero al final ocurrió y créeme cuando te digo que con tu adiós casi me llevas a mi también, que casi no pude sostenerme por tu dolor.
Adiós querida yo, no fuiste mala mujer, no fuiste mala amiga, no fuiste mala amante, no fuiste mala novia, solo que en este tiempo no fue tu ocasión. No fue tu tiempo, no fue tu vida y el dolor te mató. Llegué tarde para darte valor, para sanar esa profunda herida, al final el desamor te desangró, la espera te desgastó y de estas graves heridas no pudiste levantarte y me da pena dejarte ir, porque tú fuiste yo y yo me quedó incompleta ante tu partida. Sin embargo, entiendo que es mejor que te vayas para que no sigas agonizando en este mundo de traición, cobardía y dolor.
Te hubiera dicho que no amaras, que no eligieras con el corazón, pero tú siempre fuiste mujer que amaba con los ojos del alma y quizá ese fue tu más grande defecto, la causa de tu perdición. Adiós querida yo, te agradezco que hayas estado antes que yo, agradezco tu inmenso sacrificio, eras inocente y leal, cualidades que hoy en día pagan mal.
Adiós querida yo, descansa en paz ya no sufrirás más.
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