Yo del espejo

Yo del espejo

Ema UB

11/01/2026

Cae la tarde y más allá de la soledad y este pesado sentimiento de vacío dentro de mi pecho, no encuentro la forma de seguir respirando por un día más. Las horas se hacen largas, los días parecen casi no gastarse y yo sigo flotando aquí en este espacio al que no le llamo vida, pero tampoco le llamo muerte. Respiro, sé que respiro porque todavía mis pies se arrastran por el camino, porque todavía mi boca articula palabras, arma frases y mis labios musitan alguna leve risa. Respiro sé que respiro, la gente me ve, pero yo ya no los veo y no quiero verlos.

Dónde se quedaron mis ganas de seguir viviendo, dónde se quedó mi esperanza por la vida, esa apuesta incesante a no rendirse o no dejarse vencer. Si, dícese de humanos de bien no rendirse y luchar más allá de toda adversidad, pero yo ya no puedo, estoy tan cansada que siento que ya nada puede levantarme, ya nada puede inspirarme paz, ya nada me da tranquilidad, la ansiedad, el insomnio, el exceso de pensar y de correr sin mirar atrás no me han traído a un buen lugar. Aquí arde el infierno, con sus largas flamas quema la piel de mi alma, lacera mi espíritu hasta el punto que no se puede remediar. Aquí es el infierno, entre estas paredes, a través de la ventana me he visto desangrarme una y mil veces más, algunas veces por la enfermedad, otras por la emocionalidad, otras por mis ilusiones fallidas con la vida y otras tantas porque no sé cómo seguir, cómo responder ante este estado fatal.

El infierno, no emergió del suelo, cayó desde el cielo, para posarse eterno en mi corazón, para aplastarme, para danzar sobre mis heridas, para hacerme ver que el Dios bueno al que le rezó no tiene interés en mí, pero quizá el demiurgo sí. Ni Dios, ni el diablo, a fin de cuentas esta empresa está perdida, no hay nada aquí para salvar. Mi alma está completamente comprometida con el dolor y ya no me pertenece, ya casi no existe, se ha desvanecido a lo largo de estos años hasta llegar a ser lo que es hoy, tan solo un viejo caparazón.

Y quién llorará por mí después de que me haya ido, ¿acaso llorarás tú? ¿llorará ella? ¿llorarán aquellos que decían conocerme? Nadie llorará por mí, ni yo misma fui capaz de llorar con sinceridad por mí, por lo que le había hecho a mi alma, por lo que me había hecho a mí. Me miro al espejo y me pregunto con dolor, qué me he hecho, por qué he llegado hasta aquí, en qué momento me maté y arrastré mi cadáver hasta aquí. Esto soy, un cadáver intentando revivir, y por los cadáveres nadie llora, nadie siquiera los recuerda, porque después de todo hace tiempo que dejaron de existir.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS