¿Acaso estás pensando en retirarte a la soledad?
Acaso en ese aislamiento no te sentirás adolorido por el eco de tus pensamientos acostumbrados a vivir en el insondable ruido de la colectividad.
La verdadera vida en soledad es esa que puede reiniciarte, bautizarte con un nacimiento más allá de lo que la vida misma te puede dar, volverte un papel en blanco. Una mente capaz de organizar su visión del mundo desde la conciencia solitaria. Sin embargo, esto es casi imposible de lograr, una vez que se ha vivido entre otros, se está contaminado de raíz, condicionado a los estereotipos inculcados en ti. Así que vivir solo te convertirá en un renegado, en un doliente que no puede apagar las voces que le muerden desde adentro.
Pero esta no es una tarea inútil, puesto que ese es el inicio del verdadero camino del descubrimiento. Caminar por tu trayecto personal de dolor y sufrimiento, ese camino debe conducirte a ti mismo. El camino de tu purga personal, este camino bien llevado, sin resentir de la compañía, debería reiniciarte, volverte uno con el silencio. Este camino podría llevarte a ser tu propia ley y tu propio juez, sin embargo, esto no será tarea fácil puesto que te creerás y sentirás libre y una vez más te verás expuesto a pensar en algo que quieres controlar, pero cuyo significado deberás volver a transitar.
Y cuestionarás el significado de la libertad y llorarás, porque cuando te veas libre te dolerá la soledad. Entonces, te preguntarás, ¿por qué he caminado tanto por el trayecto de la autoexploración para terminar nuevamente adolorido? Buscando resolver esta pregunta te encontrarás con que los sentimientos son tu peor enemigo, ellos son los que frenan todo tu progreso, el disfrute de esa libertad consciente y entonces queras matar el sentimiento, pero luego de haber recorrido ese camino sabes que no puedes matarte a ti mismo. Así, mirarás al costado, y notarás que tu comprensión de la justicia, tu justicia, tu libertad estaba oprimiendo al otro y por eso el otro se sentía furioso contigo, te desprecia y no te perdona.
Solo recorriendo el camino de la autoexploración, transitando entre todos tus demonios liberados, te vas matando, una y otra vez, una y otra vez, hasta que casi muerto aparece el amor, el último de los demonios. Primero te amas a ti mismo, después te odias como solo puede odiar aquel que ama, después te anulas y te crees digno de compartir tu entendimiento del amor y ese amigo mío es el último camino, allí encontrarás la muerte definitiva; la justicia, la libertad, el desprecio, la sabiduría y el verdadero odio. Todos los caminos que anduviste convergen a este, a este de amar a otro y aquí acaba todo, incluso hasta el amor a la soledad.
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