El Tribunal del Tiempo abre sesión.
Entra una mujer mayor.
No arrastra los pies por cansancio,
sino por costumbre.
Como quien lleva décadas pidiendo permiso para existir.
Sus manos tiemblan ligeramente,
pero no de frío:
tiemblan por todas las cosas que quiso hacer
y jamás se atrevió.
El Tiempo la observa con una compasión profunda.
La ve como lo que es:
una vida llena… de renuncias.
⸻
I. Recepción de Testigos
El primer testigo es una mecedora, vieja, desgastada, paciente.
—Yo la vi esperar —dice—. A sus hijos, a sus nietos, a su marido, a sí misma. Siempre se sentaba conmigo… pero nunca para descansar. Solo para convencerse de que ya era tarde para empezar algo nuevo.
El segundo testigo es un álbum de fotos, amarillento.
—Ella cuidó a todos —declara—. Pero nunca salió en las fotos. Siempre detrás de la cámara. Siempre sosteniendo, jamás siendo sostenida.
El tercer testigo es un frasco de medicamentos, que habla con resignación.
—Me tomaba como si cada pastilla fuera una sentencia. Nunca entendió que la edad era una etapa, no una condena.
El cuarto testigo es un cuaderno en blanco, comprado hace más de veinte años.
—Ella decía: “Cuando tenga tiempo, escribo”. El tiempo llegó… pero el miedo llegó primero.
El último testigo es el barrio que cambió, personificado como una calle solitaria.
—Yo la acompañé toda la vida —dice la calle—. Vi sus sueños apagarse… lentamente. Nadie la hizo pequeña. Ella se fue encogiendo sola.
La anciana mira sus manos.
Quizá por primera vez comprende que ha sido testigo silenciosa… de sí misma.
⸻
II. Examen de los Hechos
El Tiempo despliega la cinta de su vida.
No hay grandes errores.
No hay culpas enormes.
No hay pecados terribles.
Lo que se ve es más doloroso:
• oportunidades no tomadas
• amistades que dejó morir por no molestar
• viajes que soñó pero pospuso
• una historia que nunca contó
• una juventud que le dio miedo
• una adultez que se fue volviendo rutina
• y una vejez llena de “ya no puedo”
mucho antes de que fuese verdad
Ella intenta defenderse:
—Yo pensé que ya no era momento…
El Tiempo la mira fijo.
—¿Momento para quién?
Aparece en la cinta una imagen hermosa:
Ella, hace décadas, escribiendo un poema.
No era perfecto.
Pero era suyo.
Esa fue la última vez que se eligió.
La anciana se quiebra.
Nunca pensó que un sueño tan pequeño pudiera pesar tanto.
⸻
III. Sentencia
La sala se ilumina suavemente.
El Tiempo dicta sentencia con una voz que acaricia y duele a la vez:
—No te culpo por envejecer.
Te culpo por creer que eso te prohibía vivir.
La anciana tiembla.
—No es tarde —continúa el juez—.
Es tarde solo para quienes ya no respiran.
Mientras vos estés aquí, algo todavía te pertenece:
tu próxima decisión.
La sentencia final cae como un abrazo que no tuvo:
—Tu condena será una liberación:
deberás hacer algo que siempre pospusiste.
No para demostrar nada.
No para impresionar a nadie.
Solo para vos.
El reloj marca 03:17,
la hora en que los años vuelven a ser días…
y los días vuelven a ser oportunidades.
⸻
OPINIONES Y COMENTARIOS