El silencio del viejo apartamento era tan denso que el crujido del parquet bajo los pies de Tomás resonaba como un disparo. Había ido a recoger una caja olvidada, un encargo rutinario. Pero el aire, inmóvil y cargado de polvo, guardaba una quietud antinatural.
Mientras buscaba en el estudio, una fotografía en el suelo lo detuvo: el dueño, sonriente, con un grupo de personas cuyos rostros le resultaron vagamente familiares. Demasiado familiares. Uno a uno, los fue reconociendo: eran los candidatos recién proclamados para 2026, pero en la imagen, tomada décadas atrás por la vestimenta, todos tenían la misma edad que ahora.
Un frío serpentino le recorrió la espalda. En un cajón, encontró fichas meticulosas con nombres, fechas de nacimiento alteradas y la misma frase escrita a máquina en cada una: “Renovación ciclo 2026”. No era una caja lo que le esperaba. Era un archivo. La prueba de que las nuevas caras no eran nuevas, sino las mismas de siempre, rehechas, reiniciadas en un perpetuo y silencioso ciclo.
Tomás cerró el cajón. Afuera, un altavoz anunciaba el inicio de la campaña. Él miró la foto. Y sonrió, exactamente igual que ellos.
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