La mitad de esta vida he estado contando inauditos silencios,
pensando que morir no es lo primero,
buscando religiones que no culpen,
que no comprometan,
y que el arrepentimiento no sea su emblema.
La mitad de mi muerte la pasaré,
si es que existo,
solitario, con los blancos cabellos ajustados,
buscando algún amigo muerto,
y siguiendo la costumbre de estar vivo.
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