Me encanta buscarte en el cielo estrellado, cada mirada al horizonte con aquella luz plateada me hipnotiza, reflejando el deseo y un recordatorio constante del no poder tenerte.

Amo sentir mi corazón entre latidos lejanos, perplejos ante ti, donde el calor se esconde y un lazo se extiende más allá del tiempo y el espacio entero, nunca había anhelado tanto a la distancia. Nunca había pensado en el abismo que nos separa, aquel escenario lleno de ilusión, porque, aunque mis manos solo encuentren aire frío al buscarte, mis ojos se llenan de ti como si estuvieras a un centímetro de mi piel.

Justo desde este rincón de la Tierra, donde el aire todavía pesa, me pregunto, ¿Será que tú me piensas como yo te pienso? ¿Soñaras conmigo como yo contigo?, porque mi alma se ha convertido en tu amante, y yo no quiero que escapes de mis manos, mucho menos de mi mente, pues te he mostrado el fuego que incendia mis noches.

Se que en la vastedad del firmamento te has vuelto un habitante constante en mi memoria, adueñándote de mis pensamientos con una puntualidad que me asusta y me salva de la realidad.

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