No era de noche aún,
mas las lágrimas brillaban como si lo fuera.
Cuando nos marchamos,
yo era viejo y tú después te reías,
y llorabas con un orden distinto al de otras veces.
Comenzamos a flotar como globos sin almas,
indagando en otros mundos, hechos de madera,
para que se sintieran los nuevos pasos que nos seguían.
Queríamos encontrarnos a nosotros mismos, ya inertes,
como muertos distraídos,
con los ojos secos de tanto no mirar,
de tanto mal buscar.
Nuestras lágrimas por intuición nos encontrarán,
no perderán más el tiempo,
y en un instante,
mojarán cada una de nuestras ilusiones, marchitas de sed,
y comenzarán a enamorarse, como aquella vez nosotros,
con iguales risas e iguales besos,
de los que tú y yo habíamos perdido,
y que ellos encontraron olvidados,
debajo de nuestros labios serios.
OPINIONES Y COMENTARIOS