Como un viejo sabueso regreso una y otra vez a este campo de letras para olfatear las palabras. Como si pudiese, hundiendo mi nariz entre vocales y consonantes, descubrir el aroma de tus ojos y concluir que sí, que viniste a soplar con tus pestañas el polvo de estas frases erosionadas por el tiempo y la ausencia.
Transito las 65 notas y me envuelvo en la caricia de tus 26 comentarios. Todos llenos de palabras que se han ido volviendo traslúcidas con el paso del tiempo… Temo que de viejitas un día se desaparezcan, porque ellas son lo único que me queda de ti, o al menos de aquella que solías ser.
Cuento las visitas a mi blog y cada vez que el número crece, me regocijo en la absurda ilusión de que seas tú la que vino a visitar este museo. Pudo ser cualquiera, un muchacho aburrido en Alemania, una doña nostálgica en Argentina… pero mi esperanza se aferra a la idea de que haya sido tú la que silenciosamente vino a encontrarse conmigo, o al menos con aquel que yo solía ser.
Una aburrida oficinista que llena formularios de visitas… a eso quedó degradada mi esperanza. Esa ancianita delgada y diminuta que hace algunos años se sabía capaz de cambiar el mundo a partir de nuestro encuentro, esa abuela que sigue latiendo, pero con un saltico mustio y reducido, casi silente.
Yo sigo viniendo, religiosamente, al encuentro con tu espectro. Alguien mas viene, lo sé por los números. Y me gustaría creer que eres tú. Mis dedos pulsan las teclas, las vuelven letras que arman una coreografía y se transforman en palabras que viajan al otro lado de la pantalla… Sueño con que seas tu quien aún las lee, porque solo así nuevamente mis manos llegarían a tus ojos y de alguna extraña forma te acariciaría.
Es que siguen pasando los días y yo todavía no se como desvestirme por completo de estas ganas de ti.
Perdona, no quiero hacer de esta una nota triste. Si de algo sirve quiero decir que la vida sigue, que no es un suplicio ni un infierno. Que he tenido mil motivos para ser feliz y algunos tantos para pausar la sonrisa, que he reído a carcajadas, he bailado, me he emborrachado con tequila y whisky, he hecho el Amor, he cantado y bailado hasta ver la luz del sol. Aprendí que no somos el mundo sino un minúsculo engranaje y que tal vez nada cambie porque no existamos. Aunque siga convencido de que juntos habríamos hecho la vida aún mas bonita.
Te he visto por ráfagas en imágenes y percibo que tu vida transcurre de maravilla. Eso me alegra, porque siempre querré una vida hermosa para ti.
Tengo una absurda obsesión con la certeza… Esa certeza que tenía sobre nosotros, aunque la realidad me hiciera ver que no eramos tal cosa. Con el pasar de los años, tu silencio me talló en la piel el epitafio de nuestra historia. La de aquel que fuera el amor mas bonito de todos los tiempos.
Pero te mentiría si no te digo que al regresar aquí y hacer el inventario de visitas, siempre sueño con que seas tú la que, al menos por nostalgia o curiosidad, regresa a este ancianato y le da un soplo de vida a mis letras que se mueren de mengua sin el baño de tus ojos. Esa es la certeza con la que me conformaría.
Sigues siendo mi primer pensamiento en la mañana y el sueño que salta a volar conmigo cuando cierro los ojos.
Mientras respiro, mientras vivo y avanzo, te Amo.
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