Hoy te soñé, te soñé,
y en mis sueños tu rostro recordé;
tus labios sentí, tu aroma disfruté.
Eres un deseo sublime
que de nuevo en mis brazos no puedo tener.
Eres aquella manzana prohibida,
que tan deliciosa se ve, pero no puedo comer.
Eres aquella luz nocturna
que a la distancia veo y tan cercana parece ser,
pues ambos la disfrutamos
en el mismo limbo de nuestras melancolías.
Hoy te soñé, te soñé,
y felizmente, al menos en mis sueños,
te puedo ver,
tu sonrisa corresponder
y tu amor volver a recibir.
Te amo,
y te amo con la misma intensidad
con la que te empecé a amar
aquella noche
en la que tu alma pude contemplar.
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