Un breve recuerdo azotó mi mente con la fuerza de un misil, verte entre mis brazos, pálido, frio, totalmente estático me volvió a atacar, abrí los ojos asustada mientras intentaba sostenerte sintiendo solo el vacío de la habitación.
Mirando el techo de mi cuarto me quede un rato en silencio, analizando, pensando, apretando los puños en frustración contenida, no hace poco habías muerto, devastando mi mundo entero, la tristeza me sigue consumiendo.
Meses fueron los que tuvieron que pasar para ir aceptando tu ausencia, el levantarme y ver tu mensaje me dejo la inútil necesidad de todas las mañanas revisar el celular esperando algo, cualquier cosa, que me confirmara que seguías ahí.
Mi rutina se volvió triste, llena de melancolía, mis vestuarios no tenían sentido si no estabas para mostrarlos, mi comida no se veía bonita si no opinabas sobre ella, el salir se sentía agobiante, veía a quienes decían quererte reír y seguir sus vidas normales mientras yo me encerraba más.
Todas las noches me sentaba en el borde de la cama vacía, hundiendo mi cuerpo entre las sabanas mientras lloraba por ti, ¿Qué te había llevado a hacer eso? Y de forma instintiva viajaba al pasado.
Te encontré y te perdí un día de julio, viviendo de nuevo esa pesadilla en mi cabeza; entraba con entusiasmo esperando verte acostado o leyendo uno de esos libros que tanto te gustaban, pero la escena cambio, las cortinas cerradas obstruían la luz y hacían esas cuatro paredes mas oscuras de lo normal, ansiosa te busqué y te vi en el piso, inconsciente, entre tus manos un tarrito pequeño de pastilla que estaban dispersas en el suelo. Gritar, fue lo único que pude hacer, gritaba una y otra vez mientras agarraba tu cuerpo esperando darte algo de calor, en tu rostro ojeras marcadas y un blanco anormal para tu piel trigueña, no escuchaba tu corazón, no sentía tu aliento, te abracé tan fuerte que no pude separarme de ti en 2 días, fue cuando tu hermana nos encontró; separarme de ti fue fácil, estaba débil a la orilla del desmayo pero eso no evito que me quejara, que levantara mi mano para tomar la tuya, no evito que peleara por ti.
En tu funeral fue muy poca gente, me sentí culpable, frustrada, llena de ira hacia mi misma, con el labio sangrando y los nudillos blancos me arrodille a tu ataúd, “ojala hubiera muerto yo” pensé sin remordimiento, al volver a casa no pude evitar soltar todo, el dolor de perderte, la frustración por ver que mucha gente a la que amabas se le notaba calmada, la ira porque jamás pude decirte que te amaba, me quemaba por dentro la envidia y la rabia al saber que tus ultimas palabras fueron escritas para otra mujer, tu ultimo te amo no era para mí.
Fue el tercer mes el que trajo a mi entendimiento, aun te lloraba, pero ya no estaba llena de rencor, pensaba solo en ti, alejada de todos solo habíamos quedado tu y yo, empecé a escribirte cartas para sobrellevar tu adiós, descubrí que te amaba más de lo que aceptaba. Una noche paso algo que me trajo alegría momentánea y se convertiría en mi ancla.
La oscuridad daba paso dejando atrás la tarde, entre las calles de mi hogar escuche un pequeño maullido detrás de unas bolsas, cuando salió lo vi, una pequeña criatura felina, de pelaje café y ojos azules, “tan similar a ti” pensé , le llame por señas y dije suavemente tu nombre, fue una sorpresa cuando el pequeño gato se acercó, no pude evitar en ese momento pensar que eras tú, reencarnado o no, y sin poder evitarlo tome en brazo al peludo y llore, en medio de la calle llore, porque tu recuerdo jamás se iría, porque este felino era una prueba de que pensabas en mí, porque habías vuelto, porque aun dudando sobre tu amor siempre supe que también me querías, porque tenía ahora una compañía , porque aunque aun no te soltaba sentía que podía seguir mi vida.
Cuando julio volvió con su esplendor aterrador, celebre tu cumpleaños junto al pequeño gato callejero, ahora adoptado y criado por mí, a veces durmiendo soñaba contigo, ya no como una escena repetitiva, si no, como un escenario donde podía estar contigo y verte feliz, en mi ultimo sueño te vi reír, brillante, encantador, corriendo hacia un lugar donde con dolor no pude ir, me quede sentada viendo el cielo mientras escuchaba tu risa a lo lejos.
En toda mi infancia la vida me había enseñado a sobrellevar cada cosa con el apoyo de quienes quería, ahí entraste y me mostrarte a sobrellevar la vida sin ti, a mirar al frente aceptando la partida de quienes mas quería, y aun hoy en día, sigo aprendiendo a caminar sin tenerte a mi lado.
OPINIONES Y COMENTARIOS