¿Estar vivo, es tal vez como estar muerto?
Luna de cementerios diminutos, infalible su luz robada, la lleva colgando de su espalda, la pequeña luz, solo alumbrará un difunto, solo uno. Un gato solitario contra la luz maulló, con el mismo quejido de un niño desafortunado.
Una sola vela se funde con su diminuta llama, congelando la lágrima de cera, que rodaba. Una sola flor en su corona, así lo pidió, entre estertor y estertor. Una sola esquela con una sola palabra: ESPANTO¡, con un único signo de exclamación, cerrando el aullido.
Un solo pétalo pisoteado y un grito raquítico solo para él. Una sola oreja lo escuchó.
El único sepulturero, tomó la única pala, era como una cuchara enorme, aún colgaba el alma del último enterrado. El sepulturero sacudió la pala. El alma resbaló y mordió la tierra, porque aún no sabía volar. Se fue arrastrando dejando un camino de humo tras ella. Cayó la tierra y él difunto saltó como un hombre vivo. Se fue detrás del alma que había marchado y la encontró. Sin saludarle, le preguntó en el idioma de las almas: ¿haber muerto es tal vez como estar vivo?
El alma no contestó.
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