Las tengo a las dos
aquí, en la misma habitación.
Una me lleva de la mano hacia el averno,
y la otra me besa para templar mis deseos.
No merezco vivir más aún;
solo deseaba amar algo en este mundo.
¿Pero cómo podría hacer eso,
si acostumbro a ignorar mis anhelos truncos?
Las tengo a las dos al frente mío.
No son rivales, pues ambas necesitan de la otra.
Una me apunta hacia un camino silencioso,
pero la otra, por ese camino, me acompañaría sin duda.
Yo te ruego, me arrodillo ante ti para que me dejes ir.
Abandona a tu fiel servidor de conversaciones irreales,
al impostor con cara de cordero vil,
al que se disfraza de mono salvaje: déjalo ir.
Tarde me decidí,
cuando me quedé sin las dos.
Una yace enterrada en mis recuerdos,
mientras la otra cree que me quedé en su soledad del incierto.
Octubre 2025
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