Me siento tan perdido, no lo sé, un sentimiento de tristeza que me ahoga y a la vez me motiva a hacer absolutamente de todo para estar mejor.
Así empezó la noche, con esa frase atrapada en mi cabeza como un eco que no se calla. Caminé sin rumbo, intentando encontrar en las calles lo que ya no encontraba en mí. Las luces parecían temblar, como si también estuvieran cansadas, como si entendieran este peso silencioso que arrastro desde que todo cambió.
Recordé los días en los que reír era fácil, en los que el mundo se sentía grande pero no vacío. Antes, cada tarde tenía el color de tus ojos, cada plan llevaba tu nombre, cada sueño tenía tu sombra. Ahora, cada cosa que toco se siente fría, como si el tiempo hubiera decidido congelarlo todo para que no pueda avanzar.
A veces siento que el corazón se me parte un poquito más cuando pienso en lo que fui.
Me invade esa mezcla rara de querer rendirme y a la vez querer levantarme con más fuerza. Duele… pero también empuja. Rompe… pero también despierta. Es como si esta tristeza fuera un océano en el que me hundo, pero también una corriente que me obliga a nadar, a buscar la orilla, aunque no la vea.
Y mientras sigo caminando, entiendo que sentirme así es parte de vivir. Quizá un día, cuando este peso sea más ligero, podré mirar atrás sin que el pecho me tiemble. Pero por ahora solo sé que sigo aquí, sobreviviendo a mis propios pensamientos, intentando recomponerme pieza a pieza.
La vida es eso, un montón de ruido, de sentimientos, felicidad, tristeza, amargura, eso es vivir, y yo decido vivir.
y al igual
Porque sí…
Me siento tan perdido.
Pero incluso perdido, sigo intentando encontrarme.
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