Soledad en una moneda

Se preguntaba si soltar era lo correcto mientras se preparaba para aquel turno que esperaba olvidar.
—¿Por qué hago esto? —se repetía—. Al menos lo haré bien; el dinero es la solución a todo.

Inhaló aquel polvo blanco, intentando borrar de su mente la noche que se avecinaba: entregar su dignidad, su cuerpo, su feminidad a hombres que pagaban por amor.

Dejó caer aquel vestido, regalo de alguien que la había querido, mientras su rostro engañaba con una sonrisa. Por dentro sentía un vacío que le provocaba náuseas; aunque pocos lo supieran, aún guardaba un resto de moral.

Su vida no había sido fácil. Aquel ángel caído se perdió entre frustraciones y malas experiencias en el amor, tomando decisiones que rompieron un corazón que la había amado, pero que no cumplió con las expectativas que ella exigía.

Se llevó un corazón roto en la bolsa, junto a preservativos, pañuelos, maquillaje… todo lo necesario para disimular el asco y el miedo que sentía.
Disfrazaba su rostro para danzar ante quienes deseaban sus caricias, hombres que solo la veían como un objeto que podían usar y desechar.

El vicio más grande de una mujer llega a ser el dinero. ¿Quién, con problemas, no vendería su dignidad?

Aquella noche, muchos fueron los clientes, pero también fue la noche en que aquel ángel comenzó a morir por dentro. Nunca había tenido tantas personas dentro de sí; los vínculos fugaces solo la hacían sentirse más vacía. Entre polvos y polvos, entre inhalación e inhalación, se perdió aún más en aquel ciego vicio llamado dinero.

Se repetía a sí misma:
—Lo hago por un bien. Esto dará fruto.

Pero aquel pobre ángel perdió su valor como mujer —aunque aún existiera un hombre que podría darle valor emocional— ya llegaría tarde. Porque un hombre enamorado no habita una casa que ha sido rentada muchas veces.

En medio de jadeos simulados y placeres de mentira, aquella joven lloró.
Y aquel joven que la amaba, sintiendo su tristeza, miró al cielo y susurró:
“Te olvidé”, mientras tiraba una moneda al suelo.

En medio del llanto, la soledad reinaba.

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