Cuento los días que llevo sin escribirte.

No porque no quiera, sino porque lo deseo tanto que me cuesta respirar.

Y aun así, estoy acá, resistiendo, mientras espero —en silencio— algo que sé que no va a llegar.

No sé si esto es valentía o cobardía.

Valiente por no buscarte.

Cobarde por no hacer lo que deseo.

No lo sé.

Lo único que sé es que estoy sufriendo.

Hoy son 14 días sin hablarte, pero no hubo ni uno solo en el que no pensara en vos.

Es ridículo: de las 24 horas del día, te tengo presente en 20.

Pero ahora estamos acá: yo escribiendo, vos lejos… y yo tratando de convencerme de que el amor no es suficiente.

Hoy fue un día productivo, debería estar contenta.

Pero cuando llego a casa, tu ausencia se siente como un eco que lo llena todo.

Así que vine a un café bien porteño, de esos que te encantarían.

Claro que estás acá conmigo, en cada detalle.

Claro que me gustaría invitarte.

Sentarme frente a vos, agarrarte la mano.

Volver a ser esas chicas felices, llenas de amor.

Vine acá huyendo.

Huyéndole a ese sentimiento de extrañarte que me enloquece.

Ese que me envuelve en la ausencia de ti y me sacude por dentro.

Aquí también te extraño, pero al menos este lugar no me permite llorar como en casa.

Me duele haber dejado de ser hogar para vos.

Me duele no saber si me recordás, si me extrañás aunque sea un poco o si existo en tu mundo como algo más que un mensaje ignorado.

Hay momentos en los que quiero escribirte, pedirte que vuelvas, que lo intentemos, que aunque todo esté roto yo sigo acá.

Pero no lo hago.

No lo hago porque sé que no se trata de voluntad, ni de sacrificio, ni de escribir el mensaje perfecto.

Tus ganas ya no están.

Y yo merezco amor con ganas.

Hoy vine a este café para huir del sentimiento de extrañarte, pero terminé trayéndote conmigo.

Barb… te extraño.

Te amo. Mucho.

Mi amor por ti sigue intacto.

Gracias por los abrazos que extraño.

Por las noches en las que me cuidaste.

Por la versión de mí que conociste y por la que todavía estoy aprendiendo a reconstruir sin vos.

No sé cuándo va a dejar de doler, pero sé que un día voy a volver a este mismo café… y ya no me va a romper recordarte.

Con amor,

Con herida,

Con dignidad,

Siempre tuya,

aunque ya no te escriba.

Andre.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS