Ay, querido…
ahora que ya no estás,
mi soledad se vuelve un eco interminable,
una sombra que me sigue,
una caricia cruel hecha de tu silencio.
Y es allí, en esa quietud amarga,
donde recuerdo que fui yo
quien sostuvo tus ruinas,
mientras mis cimientos se derrumbaban.
Fui tus manos cuando las tuyas temblaban,
fui tu abrigo cuando la noche era helada,
fui tu agua cuando la sed te partía.
Tú llegaste roto,
y yo me abrí como peonía,
entregándote todo,
perfume, color, ternura.
No importaba cuánto doliera,
yo te cuidaba.
Lloraste en mi regazo
y yo recogí cada lágrima
como si fueran perlas sagradas.
Me entregué a ser consuelo,
me entregué a ser bálsamo,
me entregué a curar
lo que yo jamás había herido.
Pero mientras yo cuidaba tus grietas,
las mías se ensanchaban en silencio.
Mientras te devolvía la vida,
yo iba muriendo de a poco.
Cuando mis pétalos temblaban de sed,
cuando mis raíces gritaban ayuda,
cuando mi voz susurraba,
“cuídame, aunque sea un instante”,
tú apartaste la mirada.
Me dejaste en un jarrón vacío,
con pétalos quebrados,
con el tallo doblado,
con el alma seca.
Y aun así, aun seca,
seguí sosteniéndote,
seguí dándote lo que ya no tenía.
Y sanaste…
sí, sanaste.
Tus grietas cerraron,
tu herida dejó de sangrar,
y tu corazón volvió a latir fuerte.
Mientras tú florecías,
yo me convertía en sombra,
en ceniza de lo que había sido.
Fuiste capaz de renacer
sobre mi propia entrega,
y me dejaste atrás.
Ay, querido, ¿no lo ves?
Yo fui la cura que nunca pediste,
la flor que entregó su savia
para que tú volvieras a la vida.
Y cuando mis pétalos se hicieron polvo,
me soltaste.
Me dejaste rota,
seca, olvidada,
como si nunca hubiera sido tu refugio.
Ese es mi grito.
Grito desde las grietas negras de mis pétalos.
Grito porque sostuve lo que no rompí.
Grito porque te curé a ti,
y a mí nadie me salvó.
Tú sanaste,
yo me destruí.
Tú floreciste,
yo me marchité.
Tú seguiste,
yo me quedé aquí,
atada a la memoria de un amor
que me arrancó la vida,
mientras te devolvía la tuya.
Y así, querido…
aunque tu mundo ya no duela,
el mío seguirá sangrando.
Porque fui cura,
y me dejaste enferma.
Porque fui agua,
y me dejaste seca.
Porque fui amor,
y me dejaste sola.
Nashira Peralta
OPINIONES Y COMENTARIOS